SOBRE LA MARCHA

Horas bajas para la democracia

Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Para donde uno voltee surge la pregunta; ¿es la democracia el mejor sistema de gobierno? Y ¿cuál democracia, la de partidos, mesías radicales o la de una grey híper informada pero simplista? Hoy Estados Unidos vota para, en teoría, premiar o castigar a Donald Trump, pero la cuestión es más compleja. Que, por su sistema de colegio electoral, por el universal sufragio escondido que puede hacer buenos los pronósticos de una oleada demócrata recuperando el control legislativo, o no.

Por si las dudas, hay datos que adelantan que la administración del segundo tiempo del segundo mandato del magnate está preparada para cerrar su ciclo a base de decretos, a golpe de órdenes administrativas que se ahorren el debate entre senadores y representantes. Ante un gobierno dividido, una presidencia autoritaria, con lo cual podríamos revisar casos equiparables en varios países.

Aquí en México, seguimos las elecciones de allá como si en ello nos fuera más de lo que en realidad impacta el resultado de sus comicios intermedios, cuando lo que más incide es la fría guerra comercial de ellos con China, la dinámica de su economía, inflación, reservas, moneda e inversión interna.

Mientras tanto, si miramos nuestras elecciones intermedias que están en pleno proceso, resulta que nuestro árbitro está lesionado. Los jugadores, uno de ellos, Morena, envalentonado con su capacidad de controlar la narrativa de sus desajustes y correcciones.

El episodio Taddei tiene implicaciones profundas, ahora la presidenta consejera temporal debe tratar, junto con sus pares, de recomponer la administración del instituto para recuperar credibilidad elemental. Si el INE institucionalmente transó, la fe pública se devalúa al tiempo que algunos opositores ven árbol caído y se les apetece mucha leña.

La transformación de la vida pública no es prenda de la propaganda cuatroteísta, tampoco es batalla de opinadores de nuevo o viejo cuño, es algo más complejo que la falsa disputa de la postverdad.

Ni México se acabó a partir de 2018 ni nació algo realmente mejor, ni muy diferente. Porristas son los que pretenden informar al pueblo, hablar de las virtudes y maldiciones de un sistema político que es sólo eso, un aparato burocrático mayúsculo, en el cual no permean las buenas voluntades o las ocurrencias populistas.

Las elecciones universales están bajo asedio, de la desinformación y la demagogia. El péndulo que cuenta cuantas campanadas da la derecha o el conservadurismo de clase mundial en contra del retroceso del progresismo de izquierda y vocación social, tampoco sirve de gran cosa.

Colorear mapas de regiones o de congresos cambia nada la realidad entre los vivos de todas las latitudes.

En algún foro se dijo que es tiempo de desendulzar la política y atenernos a las consecuencias. Mientras el radicalismo de tirios y troyanos siga vendiendo el humo de la resolución por ideología de los problemas cotidianos, los mercaderes del engaño seguirán de fiesta, aunque de vez en tanto los atrapemos.

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