ANTROPOCENO

Cuauhtémoc y López Obrador

Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Tuve el honor de colaborar con el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas. En 1997 me invitó a trabajar como asesor en el Gobierno de la Ciudad de México. Había controversia acerca del alcance de atribuciones del nuevo gobierno local que ya no estaba bajo el control total del presidente de la República, pero que tampoco era un estado libre y soberano. ¿Podíamos abrir preparatorias? ¿Planear un tren suburbano junto con el Estado de México? ¿Qué tanta autonomía existía en seguridad pública?

En el equipo del presidente Zedillo tenían interpretaciones más restrictivas que nosotros sobre los alcances del Gobierno de la ciudad. El ingeniero tuvo paciencia. Había urgencia de presentar resultados, pero también riesgos de darle pretextos al PRI-Gobierno para acusarlo de invadir competencias. Enfrentamientos posteriores (la destitución de Ebrard por Fox, el desafuero de López Obrador), fueron esquivados en nuestro caso gracias a la prudencia del ingeniero. ¿Eso le costó perder la presidencia en 2000? En realidad, Fox tendría el respaldo de Zedillo (en el origen del PRIAN). En todo caso, el primer gobierno opositor en la capital preparó el terreno para administraciones de izquierda más audaces.

En estos días he leído a algunos diciendo que Cárdenas era burgués, cacique o tibio; que no apoyó con todo a AMLO o que no enfrentó sus excesos. Pero quien no guste de cacicazgos debería aprobar que Cuauhtémoc ventilara sus críticas al personalismo y ocurrencias de Obrador, como en la carta pública a Elena Poniatowska de septiembre de 2006, en la que el ingeniero negó que, por envidia, hubiera regateado apoyo a AMLO y describió, más bien, sus diferencias con él. Mientras el tabasqueño elegía personalmente sus propios 20 o 50 puntos de “Proyecto alternativo de Nación”, el michoacano explicaba que había suscrito un documento de autoría colectiva: “Un México para todos”. Dos estilos, pero tampoco el rompimiento que querían el PRI y el PAN.

Hoy muchos columnistas lamentan que supuestamente Cuauhtémoc no haya tenido “valor” para enfrentarse a AMLO. Se proyectan. Cárdenas tuvo la valentía de anteponer sus convicciones de izquierda frente a sus dudas sobre el obradorismo. No se aferró a una cuarta candidatura presidencial que hubiera vuelto el reloj al sectarismo de los setenta y a la división de la izquierda.

Terminaré con una anécdota. En septiembre de 1998 estábamos en el departamento del ingeniero en Polanco, en un brindis: Gertz Manero, Clara Jusidman, Rosario Robles, los asesores (Marco Rascón, Rosario Ibarra, Ifigenia Martínez y quien esto escribe), entre otros. Rosario Ibarra tomó un bocadillo (petit four) y, haciéndome el chistoso, le dije: “¿Usted, izquierda caviar, doña Rosario?”. El ingeniero me escuchó y se incomodó, lanzándome una mirada que yo sabía era de total reprobación. Doña Rosario respondió: “No importa un bocadillo. Pero te voy a dar un consejo. No hagas carrera llevándote con los de arriba. Construye tu trayectoria gracias a los de abajo”. Más tarde se despidió de la reunión y el ingeniero me pidió llevarla en mi coche a su casa. La izquierda que iba a tomar el relevo buscaría precisamente el voto de las clases populares.

Temas:

Google Reviews