No hay de otra que suponer que la insistencia en investigar el pasado del INE anterior a los tiempos de la 4T, se puede explicar porque el gobierno debe tener información de que lo que pasó con Guadalupe Taddei está teniendo repercusiones; la Presidenta no ha soltado el tema.
López Obrador se la pasó fustigando a Lorenzo Córdova y presumimos que con la vehemencia e insistencia con la que lo hizo a lo largo de todo ese tiempo, le buscaron por todos lados flancos abiertos al expresidente del INE. Tuvieron tiempo y seguramente muchas ganas de hacerlo.
López Obrador tenía en la mira al Instituto desde tiempo atrás. Acusaba que el entonces IFE le había robado la elección. No existe la menor duda que en aquel proceso de 2006 pasaron muchas cosas irregulares. El propio Vicente Fox ha venido a reconocer una vez más estos días que apoyó el “triunfo” de Felipe Calderón.
El TEPJF lo reconoció; sin embargo, también dijo que no tenía elementos suficientes para actuar ante el apoyo que había recibido el candidato del PAN a la presidencia. Quien calificó la elección fue el Tribunal, el cual, reiteramos, fue la instancia que terminó por darle el triunfo a Calderón.
Lo que llama la atención es que la Presidenta se detenga en este proceso y no en el de 1988 cuando fue “derrotado” Cuauhtémoc Cárdenas. Si se trata de poner en perspectiva el desarrollo de una izquierda competitiva, fuerte e influyente en el país, sin la menor duda el proceso se inició en esa elección.
Por lo que se ve venir, vamos a seguir en medio de teorías conspirativas. Una de ellas asegura que Ernesto Zedillo se puso de acuerdo con EU para que ganara Fox, lo que nos seguirá llevando a un sinfín de especulaciones menores que si le acabarán sirviendo, en medio de tantos frentes abiertos que tiene, es al Gobierno.
Sería lamentable que quisieran aprovechar la desafortunada y corrupta gestión de Guadalupe Taddei al frente del INE, para entrar en un proceso de búsqueda del pleno descrédito del Instituto para con ello colocarlo en un proceso de transformación total, lo que incluye la pérdida de su autonomía para volver a los tiempos en donde desde el gobierno se calificaban las elecciones. No se puede soslayar el riesgo, porque pareciera que, a lo largo de muchos años, el IFE-INE no cumplió con las funciones de ser un árbitro del proceso electoral.
Ahora, como antes, si alguien rompe la legalidad son los partidos. El INE tiene un alcance que en muchas ocasiones no llega a comunidades en donde se roba la votación, o como en el caso de Sinaloa se secuestran a militantes para que no movilicen a sus votantes.
Es preocupante lo que viene porque queda la impresión de que con tal de poder quitarse la marca de la corrupción que ha dejado Guadalupe Taddei, están dispuestos a cualquier cosa. De repente pareciera que lo mucho que se ha hecho no vale. Todo se está concentrando en el Instituto porque lo traen en la mira, pero no voltean a ver al TEPJF que, desde hace tiempo, el gobierno tiene de la mano.
No hay duda de que existen muchos elementos al interior del INE que son susceptibles de transformación y cambio, la clave es cómo quieren hacer las cosas. Si lo que quieren es apoderarse del Instituto, es claro que lo pueden hacer con su abrumadora mayoría.
La cuestión va más allá de este momento. El gobierno dice que escucha y es cierto que lo hace, pero difícilmente toma decisiones que se aparten de sus propios planteamientos.
No son nada alentadores los signos que se han manifestado estos días sobre el criterio para decidir quién sustituirá a Taddei, les molestó hasta la opinión de los empresarios.
RESQUICIOS.
Carlos Albert fue eje y centro de innumerables controversias futboleras y deportivas. Pero quizá lo más importante fue su lucha por la dignidad de los futbolistas, para lo cual llegó a sacrificar su carrera. Hombre respetuoso con el cual tuvimos la oportunidad de trabajar y conversar.