FRENTE AL VÉRTIGO

La victoria demócrata

Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

Este martes, los demócratas recuperaron ambas cámaras del Congreso en Estados Unidos y ganaron gubernaturas en territorios republicanos. Lo sorprendente no es que Trump haya perdido la intermedia; eso es habitual para el partido del presidente. Lo extraordinario fue la magnitud de la victoria demócrata: Kansas eligió a un senador demócrata por primera vez desde 1932; Texas entregó a los demócratas una senaduría y la gubernatura.

Esta victoria es una bocanada de aire fresco y también un balde de agua fría. Para los gobiernos progresistas, de centro e izquierda, ofrece un argumento frente al avance de las derechas: sus adversarios tampoco tienen soluciones mágicas ni triunfos asegurados. Para los gobiernos de derecha que han apostado por MAGA, obliga a revisar sus cálculos. La alineación férrea con Trump puede traer costos políticos sin garantizar las ventajas que esperaban. La cercanía con el presidente estadounidense pierde atractivo cuando el futuro de su movimiento y su continuidad se ven comprometidos.

Trump respondió que habría ganado si su nombre hubiera aparecido en la boleta, como si pudiera separar su liderazgo de la derrota del partido que lo sostiene. El republicanismo es mucho más amplio que las ideas del presidente, pero decidió albergar su movimiento y subordinarse a él. Ahora paga el costo de ese hospedaje. Queda por ver si sus dirigentes revisan esa relación o mantienen la apuesta por el mismo inquilino.

La buena noticia es que estos resultados muestran que los proyectos políticos pueden encontrar límites. La reelección de Lula en Brasil y las protestas en Europa responden a circunstancias distintas, pero también cuestionan la idea de que existe un desenlace político inevitable. El costo de vida, el desgaste de los gobiernos y las consecuencias de la confrontación, importan. La radicalidad puede movilizar, pero difícilmente compensa el deterioro cotidiano. Los demócratas también tendrán que mostrar resultados para llegar al 2029 con condiciones para llegar a la Presidencia.

La elección no resuelve el tema de fondo. La postura agresiva de Estados Unidos tiene raíces que van más allá de Trump. El equilibrio geopolítico ha cambiado y Washington considera el avance de China una amenaza a su predominio. Eso es independiente de quien gobierne Estados Unidos. La disputa enfrenta dos formas de organizar el poder económico y tecnológico: Estados Unidos se apoya en grandes empresas privadas, también respaldadas por políticas públicas; China combina empresas estatales y privadas bajo una dirección política más centralizada. La competencia por los mercados, la tecnología y las cadenas de suministro seguirán condicionando la política estadounidense. Esta elección puede modificar sus formas, pero no elimina sus causas.

Para México, el resultado electoral no necesariamente mejora las negociaciones del T-MEC ni arregla la difícil relación bilateral. Reducir nuestra vulnerabilidad exige atender la inseguridad, la incertidumbre jurídica y las debilidades productivas que limitan nuestra capacidad de negociar. Mientras esos problemas persistan, Washington tendrá instrumentos para presionarnos, con independencia del partido que controle el Congreso.

Temas:

Google Reviews