La rifa

La rifa
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Para que el gobierno opere necesita recursos. ¿Cuáles son sus fuentes de financiamiento? Primera: impuestos. Segunda: deuda. Tercera: producción de dinero. Cuarta: venta de activos. Quinta: rifas. Estas fuentes de financiamiento se dividen, para los ciudadanos, en dos tipos: las obligatorias y las voluntarias.

Las obligatorias son, el cobro de impuestos, por el cual el gobierno nos quita dinero, y la producción de dinero, que genera inflación, por la cual el gobierno le quita poder adquisitivo a nuestro dinero, inflación considerada por muchos como el más inequitativo de los impuestos.

Las voluntarias son, la deuda, a cambio de la cual recibimos el pago de intereses que, de resultar mayores que la inflación, permiten la multiplicación del poder adquisitivo de nuestro dinero. La venta de activos, a cambio de la cual recibimos el bien comprado, con lo cual pretendemos mejorar nuestro bienestar. La rifa, a cambio de la cual recibimos, ¡si ganamos!, el premio prometido, tal y como sucede con la Lotería Nacional para la Asistencia Pública, que es “un organismo descentralizado de la Administración Pública Federal, encargado de la celebración de sorteos con premios en efectivo, destinados a captar dinero para apoyar económicamente al Titular del Poder Ejecutivo en los asuntos orientados a procurar la igualdad entre aquellos mexicanos sin posibilidad de satisfacer por sí mismos sus más urgentes necesidades”.  Se trata de formas voluntarias de financiar el gasto gubernamental porque uno decide si le presta o no dinero al gobierno; si le compra o no algún bien; si le entra o no a la rifa.

Hay quienes, partiendo del hecho de que la rifa es una manera voluntaria de financiar al gobierno, consideran que la intención de rifar el avión presidencial para deshacerse de él es adecuada, rifa que, de llevarse a cabo, tendría, para la mayoría de los mexicanos, un grave inconveniente: el premio a recibir, un Boeing 787-8. La mayoría de los mexicanos nos preguntamos: le entro a la rifa, me lo saco, ¿qué hago con él? La mayoría de los mexicanos tendríamos una sola opción: venderlo, lo cual plantea esta otra pregunta: ¿resultaría sencillo?

¿Cuál es la ventaja de la Lotería Nacional? Que los premios se otorgan en dinero, en el medio de intercambio que, como tal, podemos convertir en bienes y servicios, lo que no sucedería directamente con el avión presidencial cuya rifa, de llegar a darse, tendrá lugar entre aquellos interesados en el avión, no por su valor de cambio, sino por su valor de uso. ¿Cuántos interesados hay?

Para terminar, no olvidar que en México los premios de la lotería están gravados con un impuesto del siete por ciento. Dólares más, dólares menos, el precio del avión presidencial anda en los 150 millones. Calcule usted el impuesto a pagar.