El estoicismo y la frugalidad de Pedro Juan Gutiérrez

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Al artista visual, periodista, poeta, cronista y narrador cubano Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, 1950) lo acecha una visión dubitativa por parte de la crítica y los lectores: sexualidad, política y exuberancia. Desde la aparición de Trilogía sucia de La Habana (1998) —primera entrega del ‘Ciclo de Centro Habana’, completado por El rey de La Habana (1999), Animal tropical (2001), Carne de perro (2002) y El insaciable hombre araña (2003)—, la narrativa del matancero ha sido insertada dentro del Dirty realism (Fante, Ford, Carver, Bukowski...) hasta etiquetarlo, el “Bukowski caribeño”.

Estoico y frugal (Anagrama, 2019), la más reciente publicación del autor de Fabián y el caos, no escapa de la calificación, los editores han rotulado en la cuarta de forros que en esta nueva fábula “el Bukowski caribeño nos cuenta sus andanzas por la vieja Europa”. Ambigua síntesis de un relato cuya trama descansa en la dilucidación de un

desamparo desde la táctica del sarcasmo inocente y sutil. No son los excesos del relator: todo el despliegue de esas aventuras sexuales entretejidas en la extravagancia conforma un acucioso y descarnado alegato de un personaje que huye del vacío y se cobija en unas imperiosas ganas de amar.

Novela escrita en primera persona (yo), con un protagonista de nombre Pedro Juan, hace que los lectores no avisados deriven que se trata de un texto autobiográfico. Existe un principio clave en Teoría Literaria: El narrador no es el autor. “Ese yo que habla en mis novelas es un invento mío. Como yo. Yo también me inventé”, indica Fernando Vallejo. No caben dudas de que ese ‘Pedro Juan’, narrador de las historias de Gutiérrez, es un índice de alegorías, gestos y periplos de muchos, que padecieron los embates del Periodo Especial de los años 90 en Cuba.

Tres influjos de escritores cubanos se hacen patentes en la narrativa de Gutiérrez: Carlos Montenegro (Hombre sin mujer), Guillermo Rosales (Boarding Home) y Reinaldo Arenas (Antes que anochezca, El color del verano). La Habana y personajes que arriban del pasado y vuelven desesperados a sus recodos. Fantasmas que deambulan en una cadencia rancia,

pero aún seductora.

Prosa desbordada, que sirve para mostrar cómo lo masculino se explaya de forma instintiva para satisfacer el deseo sobre cuerpos que soportan humillaciones en los intentos de escapar de la desdicha y encuentran su liberación en el sexo. Gutiérrez explora los actos límites de mujeres que se entregan de manera lujuriosa al placer como única forma de sentirse vivas. Reitero, no son los raudales amatorios del autor, sino el retrato de pérdidas femeninas encarnadas en criaturas que buscan en lo insólito la redención. “En mis novelas he querido referir más que todo el efecto terrible de la pobreza y el hambre sobre la gente; pero, también la miseria espiritual de muchos”, ha dicho el autor de Sabor a mí. “El estoicismo y la frugalidad siempre me salvan”, confiesa el narrador, quien asimismo se cuestiona su condición de creador y su relación con Cuba. Rastreo por episodios que abrigan un desconsuelo impreciso.  Posiblemente, la novela más pesarosa de Gutiérrez: despliegue de episodios divertidos, gozosos; pero, también recónditamente doloridos.

Estoico y frugal

Autor: Pedro Juan Gutiérrez

Género: Novela

Editorial: Anagrama, 2019