“La rosa es la más conmovedora victoria de un instante de perfección”: Juarroz

Resumen de noticias en los embates del Covid-19
Por:
  • carlos_olivares_baro

“No se requiere un gran gesto para morir. / Es suficiente una secuencia casi indecisa / de pequeños gestos / y pequeñas opciones /que nos van apartando poco a poco del camino conocido / sin dejar de mirar a los que pasan y a las cosas...”: Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, Buenos Aires, 1925–Temperley, Buenos Aires, 1995). No tengo poeta preferido; pero mis hijas saben de mi deseo de incinerar con mi cadáver los quince volúmenes de Poesía vertical, que Juarroz escribió durante cuarenta años.

No tengo mejor compañía en mis noches de insomnios que las coplas de un hombre que se interrogó a sí mismo en la exploración del sentido de la vida desde un frenesí reflexivo desbordado de perplejas concordancias. Leo, en estos días finales del año, Fragmentos verticales, cuaderno póstumo del hijo de Coronel Dorrego.  “Una sola palabra en una casa de espejos”: la voz del poeta se despliega por todos los rincones como “un vidrio astillado / reparte los reflejos, / como un pequeño sol frío / que un golpe arrebató a la transparencia”.

¿Existen desacuerdos entre los asombros de la noche y el sosiego de la alborada? “Después de la caída / cesan las diferencias / entre la noche y el día”: Juarroz. Sólo cuando la luz se quiebra, la nitidez consigue anudarse a la entereza. ¿Por qué esta apetencia por la opacidad? “Todos nos acercamos a la sombra, / cada uno por su atajo. / No venimos de la luz. / Si viniéramos de la luz alumbraríamos la sombra”. Cada pregunta que me hago al final de las estaciones que me desabrigan, tienen réplicas en los versículos de Juarroz. Entro a la verticalidad de su música enlazada con la ausencia y el silencio: encuentro “el lugar para buscar otro mundo”.

A fin de cuentas, el dolor persiste y la memoria se nubla y el tiempo se dilata y el verano es un disimulado ardor y la trama de la vida sigue siendo un secreto que los dioses tejen en el triángulo del abandono. Vemos lo que la desidia no ha podido borrar. “Las cosas visibles son como recuerdos. Las cosas invisibles son como olvidos”. / Leo estos Fragmentos verticales acompañado de una sonata de Bach, que el hambre de la tarde muerde. “Los sonidos se corrompen. ¿Habrá también una corrupción del silencio?” / Se borra mi impaciencia. Se borra la culpa. Las evocaciones se marchitan. La anochecida grita en el intento de dialogar con la irradiación. “A veces es mejor / no hablar sobre una cosa. / O decirla envuelta en el silencio”.

Faltan cuatro días para que el año bostece su último respiro. Juarroz enciende una pipa, fuma y exhala el humo de la nicotina, después me mira con los ojos más desconsolado de poeta alguno. Me convida a un ardor: “la poesía a medias es el peor enemigo de la verdadera poesía, como el hombre a medias es el mayor adversario del hombre. Hasta el fracaso exige una integridad, especialmente en poesía”.  Y el madrigal erguido sobrepasa el momento: “la rosa es la más conmovedora victoria de un instante de perfección sobre la necesidad. También las palabras y los silencios del poema se imbrican como pétalos en torno de ese misterio que llamamos florecer. Y la rosa es una experiencia de ritmos escondidos”. Juarroz ataja la sombra y se pierde en la luminiscencia.

http://www.youtube.com/watch?v=DvPs4xVTrVU

 

Fragmentos verticales

Autor: Roberto Juarroz

Género: Poesía

Editorial: Emecé