Antonio Fernández Fernández

El Código de Ética de la Administración Pública Federal

ANTINOMIAS

Antonio Fernández Fernández *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Antonio Fernández Fernández 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Antonio Fernández Fernández

“La ética es más importante que las leyes”

Wynton Marsalis

El pasado 8 de febrero del presente año se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Código de Ética de la Administración Pública Federal, en aras de erradicar la corrupción del sector público, por considerarse una de las prácticas más perniciosas de la Administración Pública, y para fomentar el respeto dentro de la burocracia.

El Código de Ética parte de una contundente realidad: la corrupción en la Administración Pública, por considerar que reduce la capacidad de las instituciones para alcanzar sus objetivos, y para atender las necesidades de la población, y en cumplimiento a la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción y a la Convención Interamericana contra la Corrupción, con las cuales el Gobierno se comprometió a crear y fortalecer las normas para el correcto y adecuado cumplimiento del servicio público, y crear sistemas para prevenir los conflictos de intereses.

El Código señala que tratará de replantear la integridad de los servidores públicos y dotarlos de conocimiento y habilidades para el liderazgo, lo cual es muy loable ante el descrédito que han tenido en las últimas décadas; ser burócrata se utiliza, muchas veces, como un seudónimo de ineficiente, por lo cual es urgente reposicionar la función de los empleados del Gobierno.

Desde luego, es sano que la Administración Pública cuente con un Código de Ética, pero ligarlo con la Ley de Austeridad Republicana me parece un exceso, puesto que la ética y la austeridad son dos cosas que no necesariamente caminan juntas; se puede ser ético sin ser austero y viceversa.

La Ley de Austeridad Republicana habla de los principios de austeridad y ahorro dentro de la administración pública, que no tiene nada que ver con la ética, por ello resulta una extrapolación inadecuada relacionar en el Código de Ética la austeridad que enarbola la Ley de Austeridad Republicana, con lo que le resta rigor profesional al Código.

El principal objetivo del Código de Ética es combatir la corrupción, y no es cosa menor, ya que hasta hoy no se ha podido erradicar e incluso, pese a los esfuerzos del Gobierno de la República, poco se ha podido hacer, por ello resulta importante su implementación, sólo esperamos que de verdad se aplique, ya que tiene una misión muy difícil, y sin la voluntad política puede ser una más de las disposiciones sin aplicación.

El Código de Ética atiende, además del combate a la corrupción, cuestiones muy importantes, como la protección del acoso laboral y sexual, la discriminación, la igualdad de género, el uso de lenguaje incluyente y no sexista y la dignidad ante las diferencias, situaciones graves dentro de la administración pública donde perduran todas estas prácticas y hay resistencias al cambio.

Esperemos que el nuevo Código de Ética de verdad se aplique, ya que de lograrlo será un gran avance para la administración pública y así poder reivindicar la figura del empleado público, por lo que los ciudadanos estaremos agradecidos por ello, de lo contrario será una más de las promesas incumplidas de la presente administración.