Bernardo Bolaños

El Teletón y la política social

ANTROPOCENO

Bernardo Bolaños*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Bernardo Bolaños
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Bernardo Bolaños

El huracán Otis destruyó el Centro de Rehabilitación e Inclusión Infantil Teletón (CRIT) de Acapulco.

Pero el Teletón 2023 logró juntar suficiente dinero para su reconstrucción. Decenas de millones de pequeños donadores y algunas grandes empresas apoquinaron. Cada gran compañía, claro está, se hizo publicidad por televisión al dar unos cuantos millones. Eso les molesta a los críticos que confunden a las sociedades mercantiles con organizaciones de beneficencia.

Al Teletón se le había acusado en redes, desde hace muchos años, de reducir las contribuciones fiscales de las empresas donadoras. No sólo de deducir sus propias contribuciones sino, supuestamente, las de terceros. Los mensajes insidiosos que todos vimos alguna vez nos decían y todavía repiten: “No dones al Teletón, hay una televisora que deduce millones en impuestos por el dinero que tú donas”. Aunque les pregunté a expertos en derecho fiscal, ninguno cree que eso sea cierto.

Pero habiendo agarrado durante años de puerquito al Teletón (desde AMLO hasta Lenia Batres), el actual grupo en el poder ha tenido que cambiar su posición. Ahora el Presidente invita a donar porque dice que su administración ha llegado a un acuerdo para que el Teletón atienda a niños de escasos recursos (aunque también antes lo hacía).

¿El cambio de discurso muestra los límites del estatismo de la 4T? Después de todo, uno de los mayores desafíos de la presente gestión han sido las protestas de los padres de niños con cáncer. Y la fundación Teletón ofrece el mejor hospital oncológico infantil del país.

El tema nos debe llevar a cuestionar la idea de que basta con inscribir en la Constitución un derecho para que éste sea realidad. A veces, los derechos se garantizan por el camino de la filantropía privada, incluso ayudada con publicidad emotiva y cantantes famosos en TV. Sí, la vía del mercado, de la mercadotecnia, del show business.

El populismo otorga derechos en el papel, pero luego roe la maquinaria que permite transformar esos derechos en la realidad (como los esquemas de seguro médico sostenibles y bien pensados o el juicio de amparo que permite a un juez darle la razón a niños sin medicinas). Es cierto que los gobiernos de izquierda, en todo el mundo, dan a la población albercas y transporte públicos; pero la izquierda populista se caracteriza por heredar piscinas sin agua y líneas de metro hechas al aventón. Los populistas creen en la Constitución como hoja de papel, para usar la metáfora de Ferdinand Lasalle, porque la voluntad general la ubican en el capricho de su jefe o jefa máximos.

En resumen, el Teletón demuestra que la vía del mercado, la vía de la derecha, algunas veces funciona mejor que la planeación centralizada y autoritaria. Eso nos lleva, entre otras cosas, a que la oposición no está moralmente derrotada. Pero Xóchitl Gálvez tendría que demostrarlo y recordar el asedio contra esa filantropía y esas empresas. Tendría que desenmascarar que furiosos estatistas se disfrazan de moderados que, supuestamente, siempre han apoyado las iniciativas de las organizaciones de la sociedad civil.