Bernardo Bolaños

Trigo. El fantasma del hambre

ANTROPOCENO

Bernardo Bolaños*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Bernardo Bolaños
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Bernardo Bolaños

En mi barrio cerró una panadería grande que vendía bolillo, teleras y pan dulce. Pocos meses antes de que quebrara, un vecino indignado enviaba el siguiente mensaje a la Procuraduría Federal del Consumidor: “Buen día. Les comento que la panificadora ubicada en X y Y subió de precio el pan sin explicación alguna. Se pide de favor pasar a verificar”.

Para el denunciante, controlar el precio del pan significaba garantizar el derecho a la alimentación de la gente humilde. Imagino su frustración al ver que ya ni siquiera a un costo un poco mayor él tiene dónde comprar la milenaria barra de trigo cocido. Por lo menos no cerca. En los últimos años han abierto algunas pequeñas panaderías gourmet en el rumbo, pero el pan que venden no se compara en precio con bolillos y teleras.

¿Mi vecino pasará, de acusar a la panificadora, a odiar profundamente a las baguettes y panes de hogaza de masa madre de los “fifís”? ¿Quién mató a la gallina de los huevos de oro, ese oasis de conchas y cocoles, afuera del cual también vendían elotes y manitas de pollo hervidas, todo un entramado de alimentos populares? ¿O debemos culpar a la política que fuerza a los comercios más cercanos a la gente a vender a precios ruinosos? En realidad, la guerra en Ucrania fue el tiro de gracia a la panificadora, el aumento del precio del trigo está poniendo en jaque al mundo entero.

La India, segundo productor de trigo después de Rusia, acaba de anunciar que prohíbe su exportación. El calor destruyó buena parte de la cosecha. En reacción, los precios del grano se duplicaron de inmediato en los mercados mundiales y esto impacta ya a su vez en el maíz, la soya y el arroz, que son sustitutos.

El presidente Narendra Modi prefirió asegurar el sustento de su propia población, ante la tormenta perfecta que significa el cambio climático más la guerra en Ucrania. Apenas el 13 de abril, Modi había asegurado que su país podía garantizar el abasto de trigo del mundo.

¿Qué pasó entre tanto? Rehizo sus alegres cuentas y descubrió que el fantasma del hambre recorre el mundo, tomando entonces otra decisión impulsiva. Antes ya se sabía que una disminución de 10% en la producción de granos básicos cuadruplica, aproximadamente, los precios de los mismos, de acuerdo con el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo, con sede en la Ciudad de México.

También se sabe lo que viene: revueltas por hambre en los países más vulnerables porque dependen del trigo ucraniano o indio, o porque ya se encontraban en riesgo de hambruna en 2022, como, según informe de la FAO, los siguientes: Honduras, Afganistán, los países del Sáhel africano y Colombia, con los refugiados venezolanos que ha acogido.

A corto plazo es necesario organizar corredores humanitarios y estrategias de máximo aprovechamiento de alimentos. A mediano plazo, aumentar la resiliencia o soberanía alimentaria (produciendo localmente un alto porcentaje de granos vitales, a pesar de que sea económicamente atractivo importarlos todos).