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Bibiana Belsasso

De la marihuana y amapola al fentanilo

BAJO SOSPECHA

Bibiana Belsasso
Bibiana Belsasso 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Bibiana Belsasso

Hace unos días, por su gira en Sinaloa, el Presidente López Obrador dijo sentirse preocupado porque había una decadencia en la siembra de marihuana y amapola, dando a entender que mucha gente generaba ingresos de esa actividad y que ahora los jóvenes estaban consumiendo fentanilo.

Así lo aseguró en Badiraguato, Sinaloa, cuando dijo que el consumo de fentanilo entre los jóvenes estaba aumentando, una droga más dañina para su salud.

Es verdad, el fentanilo está acabando con la vida de millones de personas, sobre todo en Estados Unidos.

El fentanilo es un narcótico que se puede usar como anestésico y analgésico. Algunos enfermos de cáncer y con dolor crónico pueden utilizar este opiáceo para tratar los dolores asociados a la enfermedad. Como medicamento, tiene un efecto similar a la morfina, y debe ser consumido siempre bajo prescripción médica.

A diferencia del fármaco, la droga elaborada en laboratorios clandestinos

resulta extremadamente peligrosa, siendo la causante de más muertes y sobredosis accidentales. Una de sus características es que su efecto es potente e inmediato, por lo que resulta excesivamente adictivo.

Este opiáceo acabó con la vida del cantante Prince en abril de 2016, pero no es el único: por esta droga se achaca la muerte también de Tom Petty o el rapero Lil Peep.

La mayoría del fentanilo que se produce en México es exportado a Estados Unidos, pero seguramente muy pronto tendremos una crisis de consumo también en México. Esta droga es inolora, incolora y muy fácil de transportar.

La cantante Demi Lovato, cuando sufrió una sobredosis que casi le causa la muerte, fue precisamente por el consumo de fentanilo.

Los efectos adversos en el uso de drogas no sólo se limitan a la salud, también conllevan accidentes, suicidio, violencia, ruptura de relaciones, arrestos, ausentismo laboral o de las actividades familiares, ya que los que están bajo el influjo de alguna droga roban con mucha más agresividad.

Muchos de los problemas que tenemos en la sociedad se podrían disminuir si atacamos el consumo de droga.

Las autoridades estadounidenses aseguran que los principales productores de fentanilo en México son parte del Cártel de Sinaloa, con Ovidio Guzmán al frente.

La droga de moda

El fentanilo (en la imagen, aseguramiento de una bodega para su elaboración en NL en 2019) se ha vuelto uno de los narcóticos de mayor consumo en Estados Unidos.Foto: Cuartoscuro

Ya no se necesitan las grandes extensiones de terreno para sembrar la droga, sino que con precursores químicos en cualquier cocina se puede fabricar, y las ganancias son enormes para los narcotraficantes, sobre todo cuando el fentanilo es puesto ya en Estados Unidos.

Por ejemplo, para hacer 20 kilos de esa droga se requieren aproximadamente dos horas. No hay necesidad de esperar la cosecha.

Es mortal si la dosis se excede. Estas drogas las prueban en indigentes para ver si es la dosis correcta, si el pobre indigente muere, se reduce la dosis.

Hoy, la siembra de drogas, como la marihuana o la amapola, están siendo sustituidas por drogas químicas.

De lo que hablaba el Presidente López Obrador es que por décadas los cultivos de amapola y marihuana se convirtieron en la base económica de decenas de comunidades en la sierra de Guerrero, en Tierra Caliente de Michoacán, y en la zona serrana del llamado Triángulo Dorado, que comprende a Sinaloa, Chihuahua y Durango.

La amapola lleva más de 70 años cultivándose por parte de campesinos en ese Triángulo Dorado, y casi 40 años en Guerrero. Hablamos de más de cuatro generaciones de habitantes que se dedican a esta labor, que incluye mujeres, niños y adultos mayores.

Hoy, esas comunidades, las más pobres, ven amenazadas sus formas de ingreso debido a que los cárteles tienen puesta la mirada, cada vez más, en el fentanilo, una droga que no necesita de mucha inversión tanto para cocinarla como para traficarla, y provoca mayor adicción que la heroína y la cocaína.

Se estima que hay 59 municipios que dependen de la amapola en todo México, según especialistas del Programa Noria para México en alianza con México Unido contra la Delincuencia (MUCD) y el Centro de Estudios México-Estados Unidos.

Donde más se siembra es en Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Nayarit, Chihuahua, Durango y Sinaloa, según datos de la Organización de las Naciones Unidas, que en 2016 advirtió que imágenes satelitales mostraban que en nuestro país había 28 mil hectáreas de campos ilegales, lo que equivalía dos veces al estado de Jalisco.

En ese tiempo, México era el tercer país del mundo con más cultivos de amapola, sólo detrás de Afganistán y Myanmar. Hoy, esos cultivos se han reducido, y si un campesino cobraba hasta 35 mil pesos por un kilo de goma de opio, en ese 2016, hoy su paga se estima que es de tres a cinco mil pesos.

La misma organización detalló que después de mantener años de récord de producción, la superficie de cultivos de amapola en México disminuyó 27% en 2019.

Pero no es que la gente haya dejado de consumir drogas, sino que han emigrado a otras drogas y cambiado el hábito de consumo.

Los narcotraficantes no dejan de ganar dinero, sólo que ahora con las drogas sintéticas ganan más. Con esas ganancias aumentan los muertos por el consumo, pero también los muertos por los enfrentamientos entre el crimen organizado, que se disputa la venta y distribución de estas drogas.

En Todo Personal se lo hemos dado a conocer: una hectárea de amapola produce 118 mil plantas, las cuales tardan entre tres o cuatro meses para que los campesinos obtengan 15 kilos de goma de opio, la base de la heroína. Por cada ocho kilos, el narcotraficante obtiene un kilo de heroína, lo que equivale a 80 mil dólares.

A ello hay que agregar que se necesitan instalaciones de laboratorios clandestinos en zonas apartadas de las ciudades para cocinar la droga, lo que implica una diversidad de instrumentos para la instalación de ese laboratorio ilegal.

Mientras que con el fentanilo no se necesita un espacio grande, puede ser un sótano, una bodega y pocos instrumentos para fabricarlo. Incluso, el precursor químico llega por mensajería tradicional.

Para cocinar un kilo de hidrocloruro de fentanilo el proceso tarda dos horas y proporciona 20 kilos de la droga, que se comercializa en pastillas, con ganancias aproximadas desde un millón 280 mil dólares hasta casi dos millones.

Es aquí donde los campesinos enfrentan el cambio de drogas de los consumidores, principalmente en Estados Unidos, pero con un mercado que alcanza a Australia, en Oceanía, pasando por Países Bajos e Italia, donde las mafias hacen alianza con los cárteles mexicanos.

Hoy, el consumo de estas drogas sintéticas nos debe tener muy preocupados. Tan sólo en Estados Unidos, el año pasado murieron 31 mil personas por consumir fentanilo.