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Carlos Olivares Baró

Entra la noche como un trueno...

LAS CLAVES

Carlos Olivares Baró
Carlos Olivares Baró
Por:
  • Carlos Olivares Baró

¿La noche existe o es un invento del sueño? ¿Se oscurece el tiempo o se oscurecen los espacios? Un descendimiento llega, trae un aguardo de figuraciones. La lejana sombra que amenazaba con vapores estelares ha llegado: acorrala el suspiro de la muchacha adormecida y la tos severa del anciano. La noche es una necesidad. La noche es un bostezo del universo frente al espejo. La noche es una desnudez temeraria. Trae la noche en su seno una inquietante fugitividad. La noche, devoradora que amenaza y danza en los fluidos lunares. La noche muerde la divinidad del arroyo, parece que prefiere la extensión del mar.

Sombras le avisaron. Antología poética 1952-2012 (FCE, Universidad de Alcalá, 2013), de José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, Cádiz, España, 1926), forma parte de la Biblioteca Premios Cervantes. (El autor de La novela de la memoria obtuvo el Cervantes en el año 2012). Entro a los encantamientos de estas páginas y la noche me abrasa. “Por las ventanas, por los ojos / de cerraduras y raíces, / por orificios y rendijas / y por debajo de las puertas, / Entra la noche. // Entra la noche como un trueno / por las rompientes de la vida...”. Confluencias (Letras Cubanas, 1988), de José Lezama Lima (1910-1976): selección de ensayos tomados de La expresión americana (1957), Tratados de La Habana (1958) y La cantidad hechizada (1970): “Deseo incesante que por instantes se hace visible, o se fija sobre nosotros con una insistencia grotesca.”

José Lezama Lima se abalanza sobre la pausa que pretendo en la espiral de la tarde y proclama: “Yo veía la noche como si algo se hubiera caído sobre la tierra, un descendimiento.” Caballero Bonald reconcilia y apunta: “Entra la noche como un bulto / de mar vacío y de caverna, / se va esparciendo por los bordes / del alcohol y del insomnio, / lame las manos del enfermo / y el corazón de los cautivos, / y en la blancura de las páginas / entra también la noche.” La noche: vértigo, azoro, vaho, ¿consuelo?

Sigue la noche con su descomunal membrana anulando los puntos de irradiación. Quiere la noche alimentarse, habitarse de signos, marchar sobre los cuajos del agotamiento matinal. Lezama y Bonald: La Habana y Cádiz: dos voces encadenadas en la resistencia muda del aflujo de la luna somnolienta en su redondel espejeante. Cada noche la soledad aprovecha los conjuros para adueñarse de los reversos de la brisa, de los agujeros sin bordes, de la anunciación del olvido. “De niño esperaba la noche con innegable terror”: Lezama. “Entra la noche como un grito / por el silencio de los muros, / propaga espantos y vigilias, / late en lo hondo de las piedras, / abre sus últimos boquetes / entre los cuerpos que se aman”: Bonald.

La noche, cofradía de alusiones deshabitadas, de lamentaciones y acechos. La noche, una estación hambrienta y un seductor vacío. “La música convoca las imágenes / degradada del tiempo. ¿Dónde / me están llamando, desde qué / penumbra, hacia qué día / me regresan?: Bonald. “La noche se ha reducido a un punto, que va creciendo de nuevo hasta volver a ser la noche”: Lezama. “En medio de la noche oigo / la vigilia ritual de la naturaleza, / el fragor de los turnos vegetales.” // Entra la noche como un trueno: ensaliva la avidez. ¿La noche existe o es un invento del sueño?

Sombras le avisaron
Sombras le avisaron
  • Autor: J.M. Caballero Bonald
  • Género: Poesía
  • Editorial: FCE