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Carlos Urdiales

El valiente silencio de Arturo Zaldívar

SOBRE LA MARCHA

Carlos Urdiales
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Por:
  • Carlos Urdiales

Hegemonía como requisito para transformar es grave tentación. Morena no disimula su papel de correa transmisora de órdenes hacia las maquinarias legales necesarias.

Con esbirros oficiosos de partidos rémoras prestando servicios al interponer denuncias a donde corresponda. Asociaciones partidistas que manchan, pero funcionan.

Luego que senadores de Morena aprobaran en un transitorio la extensión del mandato del ministro presidente de la SCJN, Arturo Zaldívar por dos años más, luces del Derecho Constitucional reclaman la improcedencia del golpe legislativo que el Presidente López Obrador justifica con un rasero moral, sin atender más causas que su percepción ética; el ministro Zaldívar es persona honesta, ideal y necesaria para culminar la reforma al poder judicial. Y ya.

En esa tesitura, diversas voces reclaman al ministro presidente de la SCJN, deslinde inmediato, un gracias, pero no gracias que ataje las versiones, inevitablemente razonables, de que este atajo legislativo puede ser el antecedente para que en 2024 a los soldados morenistas del Congreso consideren que para concluir la transformación nacional, obstaculizada por la histórica pandemia y la histérica resistencia de oscuras fuerzas conservadoras y neoliberales, el hombre, igualmente decente y correcto que la encabeza, debe extender su mandato dos, tres o cuatro años más.

Y el ministro no aparece. Memes en redes sociales juegan con emitir alerta Amber para localizar al también presidente del Consejo de la Judicatura Federal, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.

Pero ni la Corte ni el CJF han sido omisos luego que el Senado los metiera en esta nueva polémica. Conversaciones serias han tenido lugar y el debate entre pares es intenso.

El consenso es que no habrá el tan demandado posicionamiento personal del ministro ni de las instituciones del Poder Judicial que encabeza, en tanto la otra falange morenista en el Congreso, los diputados comandados por Ignacio Mier, culminen o corrijan el rumbo de la reforma de sus correligionarios en la Cámara Alta.

No hablar hasta que el otro poder haya concluido su actuación, es sinónimo de pulcritud institucional —virtud escasa hoy día—. Reaccionar en función de lo que la grada reclama y el poder de los poderes busca o provoca, es sumarse a la dinámica ideológica de verbalizar en lugar de ejecutar, de transparentar las ideas y no los hechos.

Es cogobernar con sobriedad. El silencio de Záldivar es valiente. Su temple será agradecido y quizá su periodo concluirá como estaba previsto.

Si a los diputados ordenan privilegiar otras reyertas de temporada electorera, como ir contra Córdova y Murayama, revivir juicios políticos en Tamaulipas o Morelos dormidos en la Sección Instructora, o sacudir el avispero de la FGR contra Lozoya, o Yunes; entonces la tarea de prolongar mandatos constitucionales podrá esperar —y apagarse— hasta después de los afanes por lograr la hegemonía nacional el 6 de junio.