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David E. León Romero

El amor en tiempos de Covid

JUSTA MEDIANÍA

David E. León Romero
David E. León Romero
Por:
  • David E. León Romero

Se siente una gran impotencia al no poder saludar, despedir y mostrar empatía y cariño como se debe a un compañero de trabajo, a un amigo o a un familiar. Los goles se festejan de lejos, no hay abrazos, pocas palmadas, tanto en la cancha como en la tribuna. El Covid-19 nos ha permitido valorar la importancia de las personas que más queremos. Extrañar nos ha dado una lección importante.

El amor en prácticamente todas sus presentaciones está caracterizado por el contacto físico. El Covid-19 nos ha obligado a alejarnos de nuestros seres queridos en el ánimo de protegerlos y protegernos a nosotros mismos. Los especialistas de la salud han tenido que modificar por completo sus rutinas alejándose de sus hijos y padres para no ponerlos en el mismo riesgo que ellos se encuentran.

Probablemente la escena de amor más dolorosa es la que viven pacientes y sus familiares, al no poder tener contacto físico con aquellos que desafortunadamente se debaten entre la vida y la muerte. Morir aislado debe ser profundamente doloroso tanto para pacientes como para aquellos que no pueden acompañar los últimos momentos de su vida. Algunos de los hospitales de nuestro país han implementado mecanismos tecnológicos para que los familiares interactúen con sus pacientes a través de videollamadas, que permiten cierto tipo de contacto, pero bajo ninguna circunstancia sustituyen el tomar la mano de nuestro enfermo al pie de su cama.

Buscamos cercanía y contacto físico. Queremos reunirnos sin barreras de por medio. La historia que más me ha conmovido en los últimos días es la protagonizada por el marino argentino Juan Manuel Ballestero que se encontraba en Portugal. Juan tenía unas profundas ganas de estar cerca de su padre radicado en Argentina. Imposibilitado de viajar por aire, debido a la cancelación de vuelos internacionales de su país y con una enorme valentía y amor, no pudo permanecer a distancia y se hizo a la mar en una pequeña embarcación atracando en Argentina poco más de 50 días después.

El amor prende todo a su paso. El amor es la decisión irrenunciable de hacer todo el bien posible por el otro. El amor hizo que Juan navegara en la inmensidad del océano para sentir a su padre; sí, sentirlo, lo que no se logra con la invaluable tecnología que hoy nos vincula a distancia.

El proceso por el que atravesamos es inmensamente retador y doloroso. Las cifras de muertes que parecieran datos fríos están caracterizadas por familias incompletas que sufrieron la pérdida de un integrante. Como lo han subrayado los especialistas, ésta será una epidemia larga, que si bien nos mantendrá en tensión y alejados por mucho tiempo, será esa misma temporalidad la que permita que los servicios de salud no se saturen.

La mayor demostración de amor radica en cuidar de los otros y, por lo pronto, la mejor manera de hacerlo es tomando distancia física que permita disminuir la velocidad de contagio. La evolución de la ciencia para elevar la efectividad de los tratamientos y la creación de vacunas, además de la inmunidad que poco a poco desarrollemos nos permitirá volver a abrazarnos como antes.