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Sigue la subcontratación

DESDE LAS CLOACAS

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*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
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Hace una semana, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hallaron algo extraordinario, los vestigios de una ofrenda de una familia Mexica. Seguro que ustedes se enteraron, es uno de los descubrimientos más importantes de los últimos años.

Una olla con restos óseos y cenizas humanas, además de braseros y otros utensilios que datan de entre 1521 y 1610.

¿Dónde? En la actual Plaza Garibaldi, en la Ciudad de México. Me cuentan que fue mucho el tiempo que dedicaron los especialistas a este trabajo que sin duda pasará a la historia.

Y como eso de “hacer caravana con sombrero ajeno” casi no se le da a los políticos, mas rápido salió alguien a colgarse la medalla que en dar el pago de quienes llevaron a cabo todo el trabajo.

A través de las redes sociales la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, dijo: “Gracias al equipo de arqueólogos por este extraordinario hallazgo” y agregó: “Con este descubrimiento #LasRaícesResurgen para remitirnos a lo sagrado y simbólico de las costumbres funerarias del pasado prehispánico”.

Y toma tomate, como si fuera un nuevo hallazgo arqueológico, que le sacan los vestigios —pero del maltrato laboral que viven— me dicen fuentes al interior del INAH, que miles de investigadores se quejaron por la realidad que viven.

“Sus prácticas laborales bien chafas, primero te dan trabajo bajo un régimen precario ó en el mejor de los caso bajo contratos por determinado tiempo, pero esos sí, aguas con enfermarse porque ahí no se tientan en el corazón, al fin y al cabo somos desechables”, me dijo uno de ellos.

Otro más señaló: “Arqueólogos que somos considerados prestadores de servicios con sueldos muy decadentes, pese a que nuestro trabajo es de investigación”.

Me dicen que sólo en el descubrimiento de Garibaldi, participaron tres arqueólogos cuyas situaciones laborales son totalmente indignas.

“Realizamos actividades sustantivas como lo establece la Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas é Históricas y la Ley Orgánica del INAH, pero ni por eso nos reconocen como trabajadores, no contamos con ningún derecho laboral, ni ningún tipo de prestación”, me relataron estas fuentes.

Y tristemente agregaron “somos miles los que estamos bajo ese tipo de subcontratación ilegal en el INAH”.

Trabajadores que no necesitan de un aplauso, que lo que requieren es de seguridad laboral, salarios dignos, prestaciones de ley y que se reconozca su propiedad intelectual. Que no se les trate como eventuales por un Gobierno que alardea de haber terminado con la subcontratación, pero que en la realidad la sigue ejerciendo desde adentro. Candiles de la calle y oscuridad de su casa.