Francisco Cárdenas Cruz

Exige Iglesia católica castigo a homicidas

PULSO POLÍTICO

Francisco Cárdenas Cruz*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Francisco Cárdenas Cruz
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
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  • Francisco Cárdenas Cruz

Si agrupaciones de periodistas, de defensores de derechos humanos, activistas o feministas, no han reclamado y exigido con decisión, firmeza y continuidad que se investiguen y esclarezcan los casos de algunos de sus integrantes que han sido asesinados por el crimen organizado, la cúpula y organizaciones católicas no dudarán en hacerlo para que no queden en la impunidad las ejecuciones de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar en la Sierra Tarahumara.

Tanto el Papa Francisco, que desde el Vaticano condenó esa criminal acción, como cardenales y obispos de los distintos templos católicos de la República y del extranjero, unieron sus reclamos para urgir a las autoridades a dar con los responsables, luego de la anunciada recuperación de los dos cuerpos de los clérigos y el de Pedro Palma Gutiérrez, el guía turístico que entró al templo de Cerocahui, en el municipio chihuahuense de Urique, en busca de refugio.

DE ESTO Y DE AQUELLO…

Es tan amplia la información que las autoridades de Chihuahua difunden ahora de José Noriel Portillo Gil, El Chueco, líder del grupo criminal Gente Nueva, quien cometió el triple crimen en la Sierra Tarahumara, que no se explica por qué no ha sido capturado y por el que ahora se ofrecen cinco millones de pesos de recompensa por su localización.

Se multiplican los contagios por Covid tanto en la Ciudad de México —más de 15 mil ayer— como en otras del interior de la República, a pesar de que las autoridades se empeñan en restarle gravedad y de que día a día se alargan las filas que personas que acuden a hacerse las pruebas y de que los reportes de hospitalización, hasta ahora, no parecen motivarles preocupación.

Qué fácil le resulta a este gobierno responsabilizar de los baños de sangre que se registran a lo largo y ancho del territorio nacional, no al antecesor inmediato de Enrique Peña Nieto, sino al anterior a éste, el de Felipe Calderón, para así librarse del fracaso de la estrategia de seguridad de “abrazos, no balazos”.

Lo ha hecho desde el inicio de este sexenio al acusar al panista, quien le ganó la Presidencia en 2006, de haberle declarado la guerra al crimen organizado y al narcotráfico en Michoacán, a solicitud del entonces gobernador perredista de esa entidad, Lázaro Cárdenas Batel, el hoy flamante coordinador de asesores ¡del Presidente López Obrador!

Cuidado: elementos de la Guardia Nacional son agredidos y retenidos en algunas comunidades y, ayer, familiares de desaparecidos reclamaron airadamente al secretario de la Defensa, lo que revela el grado de enojo e irritación ciudadana al que se ha llegado por tanta violencia en el país que no parece haber nadie que la frene.