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Guillermo Hurtado

La solidaridad en los terremotos y en las epidemias

TEATRO DE SOMBRAS

Guillermo Hurtado
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Los terremotos duran segundos, a lo mucho, minutos. Las pandemias, en cambio, duran meses, incluso años. En México estamos acostumbrados a las primeros, pero nos habíamos desacostumbrado a las segundas. Habla bien de nuestra sociedad que hubiéramos olvidado cómo eran las pandemias, porque eso significa que habíamos hecho lo que se tenía que hacer para ponerles freno.

Las campañas de vacunación instauradas por el Estado en el siglo pasado cumplieron con su propósito de erradicar enfermedades contagiosas como la tuberculosis o la poliomielitis. Contra los terremotos, en cambio, no se puede hacer nada. Sin embargo, a partir del devastador sismo de 1985 aprendimos a organizarnos mejor para responder a las calamidades que acontecen a causa de ellos.

En México llevamos un año padeciendo una epidemia que ha trastornado nuestras formas de vida. Todos hemos sido víctimas. No sólo los muertos o sus parientes, sino también los que no se han contagiado o no han tenido a ningún pariente enfermo. Nos tuvimos que encerrar o, por lo menos, proteger, de una manera tal que perdimos muchas de las cosas a las que estábamos acostumbrados y que dábamos por supuestas. Los niños no pueden ir a la escuela, los trabajadores han perdido sus ingresos, los ancianos han tenido que guardarse a cal y canto para no morir. Son pocos, muy pocos, quienes no han sufrido por la pandemia.

Las desgracias colectivas generan toda suerte de efectos sociales. Uno de los más destacables es la solidaridad. Los medios de comunicación han visibilizado la solidaridad espontánea y generosa que se ha gestado durante los terremotos más recientes. Todos conocemos historias conmovedoras de personas que se entregaron en cuerpo y alma para salvar gente atrapada en los escombros, para organizar brigadas de apoyo, incluso para cocinar a quienes trabajaban en la remoción de escombros. Se ha dicho que la solidaridad que surgió en 1985 tuvo efectos de largo plazo. La sociedad descubrió lo que podía hacer si se organizaba sin la dirección de las autoridades. No hay duda de que esto tuvo un impacto en el proceso de democratización que se vivió posteriormente.

La solidaridad en la pandemia no ha tenido la misma visibilidad que durante los terremotos, pero eso no significa que no haya existido. En este año hemos sabido de la formación de redes de apoyo familiares, laborales y comunitarias que han trabajado incansablemente para ayudar a quienes más lo necesitan. Como en el caso de los terremotos, estos grupos se han formado de manera espontánea, sin la participación del gobierno. Sin embargo, este fenómeno no ha sido noticia principal. ¿Por qué?

¿Cuáles serán los efectos políticos de esta solidaridad social que se ha gestado durante estos meses? ¿Se notará en las elecciones de este año? ¿Quiénes ganarán y quiénes perderán en la nueva coyuntura?