Horacio Vives Segl

Eva Perón

ENTRE COLEGAS

Horacio Vives Segl*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Horacio Vives Segl
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
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  • Horacio Vives Segl

Ayer se cumplieron 70 años del fallecimiento de Eva Perón, uno de los más grandes íconos de la historia argentina. Provocadora de intensas pasiones tanto entre admiradores como detractores, el paso de la historia permite tomar distancia sobre su actividad pública, su legado y la vigencia del personaje.

Es incuestionable que el peronismo no habría sido lo mismo sin la contribución de Eva María Duarte. Era difícil pronosticar que Juan Domingo Perón se convertiría en el líder de una formación política que, desde la segunda mitad de los años 40 y hasta la fecha, ha sido el gran referente que divide y polariza, a la vez que ordena, la vida política en Argentina. Otros populismos personalistas de la época no llegaron tan lejos porque no tuvieron el contundente elemento diferenciador que “Evita” le imprimió al peronismo.

A pesar de lo breve de su presencia en la vida política argentina —escasos seis años— su impronta fue determinante, no solamente por su lucha por los derechos sociales de la clase trabajadora, sino también por ser una férrea defensora de la igualdad y los derechos políticos de las mujeres. Con el impulso de la Ley 13,010, que en 1947 hizo efectivo el sufragio universal en Argentina (esto es, el voto de las mujeres), se consolidó como ícono del feminismo argentino.

Sin lugar a dudas, hay algunos aspectos biográficos que contribuyeron a incrementar el mito de “Evita”, más allá de su actuación como puntal del peronismo. Además de su breve y polémica vida política, hay que mencionar las repercusiones de su prematura muerte, a los 33 años, en 1952, y todo lo que sucedería en torno a su cadáver. Muchas historias y mucha histeria. El estupendo thriller del extraordinario escritor argentino Tomás Eloy Martínez (Santa Evita, 1995) entrelaza magistralmente realidad y ficción en el periplo en torno al cadáver de Eva.

En breve: se planeaba construir un faraónico mausoleo (1.5 veces del tamaño de la Estatua de la Libertad, entre otros absurdos delirios), pero esos planes fueron frustrados por el golpe de Estado que termina con el gobierno de Perón en 1955. La llamada “Revolución Libertadora” proscribió de la vida pública al peronismo y ordenó la “operación traslado” de los restos mortales de Eva, cuyo paradero fue uno de los secretos más oscuros y bizarros del Estado argentino —lo cual ya es mucho decir— por 15 años. Hay diversas teorías no confirmadas sobre el cúmulo de escalas y hechos que ocurrieron con el cadáver, hasta que fue clandestinamente enterrado en el Cementerio Mayor de Milán. Unos años más tarde, el secuestro y asesinato de Pedro Aramburu, figura clave del golpe de 1955, por parte de Montoneros (un grupo guerrillero peronista), fueron determinantes para que Perón pudiera recuperar el cuerpo de Eva al volver de su exilio en Madrid. Vendría entonces el “operativo retorno” que, no sin otras vicisitudes —la propia muerte de Perón entre ellas, permitiría que finalmente el cadáver de Eva fuera sepultado en la cripta de la familia Duarte en el cementerio de La Recoleta en Buenos Aires.

Figura vigente, a propósito del 70 aniversario de su fallecimiento, se estrenó ayer una miniserie basada en la novela de Tomás Eloy Martínez. Una nueva ocasión para analizar a una de las figuras públicas más queridas y odiadas de la historia argentina, y una de las mujeres con mayor impronta en la Historia del siglo XX.