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Javier Solórzano Zinser

6 de junio, el gobierno a prueba

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser
Por:
  • Javier Solórzano Zinser

El entorno que acompaña al proceso electoral no deja de enrarecerse. Es claro que cada vez pesa e influye de manera significativa en el imaginario colectivo. 

Independientemente de los signos políticos nos va quedando claro que estamos colocados en el centro de confrontaciones las cuales en muchos casos no son totalmente ajenas, sin pasar por alto que muchas de ellas nos afectan.

La polarización se ha agudizado en buena medida porque el Presidente ha caído en un maniqueísmo, nos referimos al estás conmigo o estás contra mí. No hay día en que no haya alguna referencia, lo cual permea entre sus millones de seguidores y también entre quienes están en su contra.

La palabra diaria del Presidente mantiene un alto nivel de influencia y presencia además de que, como hemos venido insistiendo, es la agenda, al tiempo que adquiere un alto nivel de difusión y cobertura. No importa que sus seguidores vean o no la mañanera, lo que importa es lo que en sus redes sociales hacen de ella.

El Presidente debiera saber que en estos dos años y medio los ánimos han cambiado. Mucho de ello se debe a la forma en la que el tabasqueño está gobernando. El gobierno y el Presidente se ven en forma y fondo, con luces y sombras, de manera distinta al momento de su triunfo.

Ha crecido una oposición que aunque no tenga partido se aprecia de diferentes maneras. Así como amplios sectores mantienen la esperanza y un singular beneficio de la duda al Presidente, también hay quien ya plantea la palabra desilusión como forma de definir al gobierno de la 4T.

No queda muy claro cómo se van manifestar los ciudadanos el día de las elecciones. Si nos atenemos a las encuestas, las cuales en muchos casos “juegan”, se visualiza que en muchos estados la gran ventaja que tenía Morena se ha reducido o revertido; Campeche es un ejemplo de ventaja perdida.

No es casual que se estén calentando las elecciones. Los procesos en el país son desde hace tiempo peleados y reñidos. No olvidemos que llevamos varios años con elecciones en donde gane quien gane en lo general el triunfo se alcanza por pequeñas diferencias. Las victorias abrumadoras, las cuales por principio causan dudas, son parte del pasado. Eran elecciones en donde mucho tenían que ver las oprobiosas prácticas; en tiempos como los actuales es bueno recordarlo.

El entorno nos está colocando enfrentados y polarizados lo cual es de alto riesgo, e incluso puede traer consecuencias para la sociedad en su conjunto.

No se está haciendo mucho para atemperar los ánimos. Se quiere llegar a la elección al límite de la confrontación para forzar al máximo la idea del estás conmigo o estás contra mí.

Va de nuevo, no vemos cómo pueden cambiar las cosas de no ser que el resultado de las elecciones obligue al Presidente a negociar, lo cual queda la impresión que no contempla ni en lo personal ni como forma de gobierno.

Partiendo de que la inconformidad ha crecido y que las elecciones son potencialmente una manera de manifestarlo, lo que es de gran relevancia es fortalecer la legalidad del proceso y creer en el árbitro. Todos los signos están apuntando a que Morena en caso de que tenga resultados adversos, no apreciamos una gran derrota, señale al INE para impugnar el proceso.

Lo que estamos viviendo pudiera ir creando un camino hacia allá. Las elecciones serán efectivamente una prueba para el gobierno, pero sobre todo para el Presidente porque vivimos tiempos en que todo empieza y termina en él.

RESQUICIOS

El gobierno de la ciudad, y en el camino el federal, no pueden soslayar las quejas e inconformidades de las y los afectados por el colapso del Metro, están tocados. Sería lamentable que rondara la insensibilidad a la cual para muchos el Presidente abonó.