Javier Solórzano Zinser

El incierto futuro de Marcelo

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Javier Solórzano Zinser
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
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Va quedando claro lo que puede pasar en Morena. El Presidente echó a andar a las corcholatas, aunque pareciera que hace tiempo las cosas estaban definidas.

Claudia Sheinbaum, muy probablemente, será la candidata del Presidente y su partido. Su exposición pública lleva tiempo, pero en este sexenio López Obrador la tuvo en su radar, lo cual le permitió ser conocida e identificada. 

Quizá el Presidente no tenga que meter las manos, porque las ha metido desde hace tiempo. Marcelo Ebrard quiere competir, pero se va viendo que no le va a alcanzar. La diferencia entre ambos en la mayoría de las encuestas le da margen de maniobra a Claudia Sheinbaum, si no aparece un imponderable será la candidata con reales posibilidades de ser la primera presidenta de México. 

No queda claro hasta dónde llegará la inconformidad de Marcelo Ebrard. No hay un solo indicio de que vayan a cambiar las cosas a su favor. La fuerza del excanciller está en los ciudadanos que no necesariamente están con Morena, en tanto que la de Claudia está en el partido. No es casual que las otras corcholatas de alguna manera le hayan tomado distancia a Marcelo, a excepción de Ricardo Monreal, quien también ha sido fustigado en innumerables ocasiones y que tiene una relación de tiempo con Ebrard. 

Podríamos estar ante la elección y las encuestas sólo esperando el trámite del proceso para que se declare a Claudia Sheinbaum la defensora de la 4T, que no es otra cosa que la candidata de López Obrador y de Morena. 

A pesar de que Ebrard insiste y presume que no dejará el partido, sin dejar de acotar que siempre y cuando el proceso sea justo y transparente. Si eventualmente no fuera así lo van a señalar y las corcholatas van a sumarse a la cargada en favor de Sheinbaum. Todo apunta a que tendrá que apechugar y quedarse con los premios de consolación, o tomar una decisión radical y dejar el partido, lo que significa un rompimiento con consecuencias con el Presidente. 

Bajo esta coyuntura podrían aparecer una serie de asuntos que en alguna dependencia deben estar y que pueden ser acusatorios en contra de Ebrard. Sus reclamos tienen más tinte de poder ir cobrando su derrota, lo cual no se ve cómo puede ser porque las reglas se asegura son claras y él participó de ellas. 

Marcelo es un político avezado. Le ha tocado estar en coyunturas apretadas en momentos en que tuvo importantes aspiraciones. Ahora tendrá que tomar decisiones o quizá asumir que no tuvo en su vida el tiempo idóneo para poder lograr uno de sus más importantes objetivos, la Presidencia. 

Uno de los escenarios que hay que ir visualizando es lo que puede suceder con el Presidente teniendo el partido a la candidata. Difícilmente va a dejar la tribuna, no nos referimos sólo a las mañaneras. Seguirá buscando estar en el imaginario colectivo y sin la menor duda va a hacer campaña por Claudia Sheinbaum. 

El Presidente y Morena ya con su candidata van a lanzar la caballería haciendo a un lado a las otras corcholatas, las cuales dejarán de tener el espacio que están teniendo, el cual es a todas luces violatorio de las leyes electorales, al igual que el del Frente Amplio por México. 

A partir del 6 de septiembre seguramente vendrá la operación cicatriz y el escenario será sólo para Claudia Sheinbaum. A las otras corcholatas no les quedará de otra que ir apechugando, ya sea por militancia, conveniencia, sobrevivencia o por su futuro y en algunos casos hasta por su pellejo. 

A estas alturas no se vislumbran sorpresas, la cuestión está con dosis de morbo, qué terminará haciendo Marcelo. 

RESQUICIOS.

El beso por más que haya sido dado en un contexto de euforia le debe costar a quien paradójicamente construyó buena parte del triunfo español femenil. Tiene su lógica que por momentos se le conceda más atención a este tema que al extraordinario triunfo futbolero. No se está para olvidar lo uno ni lo otro.