Javier Solórzano Zinser

La revocación, una bronca cantada

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Javier Solórzano Zinser
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Javier Solórzano Zinser

No está claro qué tanto esté permeando la consulta entre la población. Da la impresión de que el debate se encuentra en el círculo rojo y anexos de la política mexicana. No hay indicios de que el tema ande circulando en las conversaciones y en las calles del país.

Las discusiones se están dando sobre temas particulares de la consulta como la veda, la propaganda, la difusión y en los últimos días sobre los espectaculares que andan por doquier promocionando al Presidente y que, misteriosamente, por decirlo de alguna forma, nadie sabe ni quién los hace ni quién los paga.

En Morena se han dedicado a enfrentar al INE. Quizá uno de los motivos sea desacreditar al instituto en función de la próxima propuesta de Reforma Electoral que presentará el Ejecutivo, y también por tratar de ir responsabilizando al INE, en caso de que la consulta no salga como quisieran el Presidente y Morena.

Desde el inicio el ejercicio ha tenido como una de sus vertientes la crítica y los señalamientos al INE. Se ha buscado a toda costa evidenciar al instituto bajo observaciones que, por un lado, pasan por refrendar el discurso del Presidente y, por otro, se llevan las cosas al terreno de la interpretación de las leyes, espacio que en muchas ocasiones termina por valer más que lo que dictan las leyes mismas.

El INE se ha dedicado a responder en el marco de sus responsabilidades y atribuciones, enganchados en ocasiones en debates confusos quizá más que para responder estrictamente lo que se pretende es no permitir que se quede la plaza vacía en momentos tan delicados.

El Presidente y Morena no están ayudando a un desarrollo pleno de la consulta. No queda claro si lo que quieren es crear más condiciones de crítica hacia el INE por aquello de que el ejercicio democrático quede trunco en cuanto a participación y el resultado mismo; hay que ir buscando culpables.

El problema está en que si la consulta termina por ser cuestionada no se puede soslayar que se debe en buena medida a la falta de recursos para desarrollarla y al clima que se ha creado en el entorno con albazos en la Cámara y con un jugueteo en relación a la veda.

Uno de los elementos que sistemáticamente se evade es el hecho de que el Presidente y Morena no reconocen que las leyes que determinan el cómo de la consulta fueron avaladas precisamente por ellos. La consulta contiene los elementos que en buena medida la oposición propuso cuando se discutió hace algunos años, tiempos en que Morena y aliados propusieron los mecanismos para alentar el equilibrio en estos procesos democráticos.

Pudiera haber matices en función de lo que se aprobó de lo que hoy se está organizando; sin embargo, la esencia del proceso de la consulta fue determinada por los partidos políticos, sin olvidar que la aprobación fue en consenso.

Si se quieren cambiar las leyes existen los mecanismos para hacerlo. Es cierto que si la sociedad determina cambiar la Constitución es su derecho; sin embargo, todo lleva un proceso, el cual toma tiempo porque se requiere constitucionalmente que la mayoría de los estados lo debata y en su caso apruebe.

Son muchos los elementos que están de por medio como para hacer cambios que mucho pueden tener coyunturales e incluso de contentillo. Se requiere de un debate, porque no puede determinarse el presente-futuro a través de decisiones que lo que buscan es acomodar elementos para la gobernabilidad del presente sin medir las consecuencias. “Resolver” el aquí y ahora se ajusta a una visión parcial e inmediatista.

La consulta de resultados predecibles va en camino de no dejar a nadie satisfecho y terminará confrontándonos aún más.

RESQUICIOS

Dice el Presidente que el canciller coincidió con la respuesta al Parlamento Europeo. Dicho de otra manera, o quiere seguir estando en el radar presidencial por aquello del 2024, o comparte la diplomacia del máscara contra cabellera, la cual no tiene que ver con lo que dice que pregona.