Sábado 28.11.2020 - 14:57

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Julia Santibáñez

Diccionario de palabras que no existen

LA UTORA

Julia Santibáñez
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Por:

María Luisa La China Mendoza apuntó que las “posesiones detraseriles” de su protagonista Ausencia eran de no creerse, en tanto Jorge Ibargüengoitia decía hablar “en guanajuatense distritofederalizado”. En un instante, ambos adjetivos pintan en mi cabeza rasgos delimitados. Qué lujo. No requiero descripción adicional de la virtud detraseril ni de la mezcla de expresiones de allá y aquí. Ahora recuerdo que en 2016 un italiano de ocho años, Matteo, escribió en una tarea que equis flor era “petalosa”. La maestra, fascinada ante el nacimiento de una nueva voz con todas las de la ley, convenció al niño de escribir a la Academia italiana para tener una opinión calificada. Ésta llegó: “La palabra que inventaste está bien formada, es hermosa y clara. Si muchos comienzan a usarla, podría ser incorporada al diccionario italiano”.

Me pasa a cada rato. Urgirme un término que debería existir, pero no ha sido inventado. Hace días quise aludir a un tipo a quien la mala suerte zarandea. Algo así como el Coyote del Correcaminos, al máximo volumen. Quería comunicar todo eso en una expresión, sin perífrasis, y acuñé sobre la marcha “vieras qué malsuertado”. Y es que la lengua es el terreno más salvajemente fértil. Hace brotar cada día un número incontable de boniteces que cualquier hablante de español entiende, sin haberlas oído antes. David Toscana se lamenta del “vosótrico español” cuando aborda las chocantes traducciones de libros hechas en España y la poeta Idea Vilariño habla de ser “una mujer ansianhelante”, mientras un personaje de Fernando Vallejo sugiere con ironía atajar el crecimiento de los barrios pobres a través del procedimiento de “cianurarles el agua”. Derivan de voces existentes, a las que añadimos prefijos o sufijos para travestirlas, ubicarlas en otra categoría gramatical. Me impresiona qué bien mueven la cadera aquellas “transcurridoras nubes” de Vicente Aleixandre y cómo en el siglo XV, Rodrigo Cota pintó de golpe al hombre “excusero”.

Quisiera inventar el Diccionario de las palabras necesarias que no existen. Este 2020 añadiría una que describa de trancazo cuánto me pesa estar ajena de mi gente, otra para contar cómo se me alegran los acentos cuando mueves así el hombro, una sola que junte en pocas letras todos los quieros expansivos que tengo por mi hermana, otra que descifre qué pensarán nuestros muertos nuevos al verse al espejo, una más para celebrar la exactidad de las cejas de mi adolescenta y otra para cuando disfruto el mejor sexo (c)oral-a-la-distancia, una para las canciones que eché con mi Alma mientras la abrazaba cada segundo de cada una, otra que pian pianito ayude a procesar llorares y abrume y fiereza y agradecimiento y tenebrismo y disfrute pausado y cuanta cosa nos revela este tiempo, otra para cuando me siento más viva que los vivos que ahorita mismo lo son. Me faltan todas esas. Y algunas otras. A ver cuándo acabo.