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Leonardo Núñez González

Finanzas de papel, mentiras reales

El Espejo

Leonardo Núñez González
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Por:

Hace un par de semanas, en Alemania llegó a su fin uno de los escándalos financieros más grandes de los últimos tiempos con la declaración de bancarrota de la empresa Wirecard. Para muchos, el nombre de esta compañía no representa nada, pero es un caso perfecto que ejemplifica las virtudes del periodismo para evidenciar mentiras que parecen verdades y que nos recuerda la importancia de cuestionarlo todo.

Wirecard fue una empresa fintech (que ofrece servicios financieros mediante el uso de tecnología) cuyo negocio era la gestión de pagos digitales para diversos sitios de Internet. Nacida hace un par de décadas, la compañía se convirtió en una de las joyas alemanas al ser una de las pocas empresas tecnológicas que crecía a un ritmo acelerado y que comenzaba a posicionarse en el extranjero, lo que la hacía ser considerada una especie de PayPal o Google europea. Su éxito fue tan notable que Wirecard llegó hasta la cima, alcanzando un mayor valor de capitalización de mercado que el propio Deutsche Bank y desplazó al Commerzbank, el cuarto banco más grande del país, para ingresar al selecto grupo del índice DAX, de la Bolsa de Fráncfort, en donde cotizan las 30 compañías más grandes de toda Alemania.

De acuerdo con los reportes de la compañía, sus ingresos crecían a ritmos acelerados en Alemania y les permitía expandirse a otros países, en donde su modelo de negocios consistía en la compra de pequeñas compañías de pagos electrónicos al borde del colapso económico y su transformación en eficientes máquinas de hacer dinero. El Gobierno alemán y los inversionistas no cuestionaron esta historia de éxito y durante años invirtieron más recursos en una compañía que llegó a ser valuada en 20 billones de euros.

Los únicos cuestionamientos a esta historia de éxito se dieron desde la prensa económica especializada, en particular el Financial Times, que realizó reportajes señalando múltiples inconsistencias en el modelo de negocios de la compañía y en su supuesto éxito económico. Sin embargo, estas advertencias fueron ignoradas por las instituciones alemanas y por los mercados, llegando incluso al punto de declarar que las notas al respecto eran noticias falsas que sólo intentaban desestabilizar y especular con una empresa exitosa. Sólo cuando la crítica comenzó a ampliarse y varios inversionistas especializados en la compra de empresas al borde del colapso comenzaron a comprar acciones de Wirecard en corto, la compañía accedió a ser auditada.

Lo que quedó al descubierto fue que durante años los supuestos negocios exitosos en el extranjero eran una mentira. Los ingresos reportados sólo existían en el papel y, en la realidad, la empresa apenas y tenía algunas modestas oficinas alrededor del mundo. Miles de millones de euros reportados como ganancias simplemente eran falsos. Todo llevó al rápido colapso de la compañía y a que una buena parte de sus ejecutivos se dieran a la fuga, lo cual ha creado el escándalo financiero más importante de la historia alemana y nos deja como lección que, tanto en los negocios como en los gobiernos, muchas veces las finanzas de papel o los discursos cuentan una realidad alegre que no existe.