Sábado 19.09.2020 - 23:16

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Pedro Sánchez Rodríguez

La ciencia es política

FRENTE AL VÉRTIGO

Pedro Sánchez Rodríguez
Pedro Sánchez Rodríguez
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“La política es un noble oficio, pero no se sabe de epidemias, de virus, yo de eso no sé, no soy todólogo o sabelotodo, y es un asunto muy serio como para opinar sin conocimiento”.

AMLO

El combate al Covid-19 en México es dirigido –por instrucción presidencial– por científicos. Combinar la ciencia con la política ha sido una de las críticas constantes al subsecretario López-Gatell. Es cierto, es difícil desasociar ambas actividades. La política profunda, dice Paul Feyerabend, se juega en el campo de la ciencia. Es desde la ciencia desde donde se construyen verdades más ciertas que todas las demás y a partir de las cuales se edifica autoridad. En nombre de la ciencia se controla la mente y, en consecuencia, el cuerpo. Dicta cómo comportarnos, cuánto debemos pesar y vernos. Ejerce poder. Establece los parámetros de lo normal y de lo que no lo es.

La ciencia, concluye Feyerabend, es un producto tan socialmente determinado, contaminado por el azar y la ignorancia como cualquier otra actividad humana. Aunque ultra radical, hoy, que vivimos bombardeados de información y opiniones científicas, su afirmación no es disparatada. El combate al Covid-19, no sólo está en el terreno de discutir si el tapabocas es o no es útil o si es necesario o no limpiar compulsivamente todos los productos del super. Muchos lo obedecemos más porque está cerca de la esperanza de no contagiarnos, que porque efectivamente sea cierto. El contagio siempre es probable y el rol de los científicos que combaten desde el gobierno al Covid se asemeja más a la gestoría del miedo, que a una búsqueda de la verdad.

Si bien se ha avanzado en conocer el virus, sus manifestaciones y su tratamiento, el mejor remedio para estar a salvo es guarecernos en nuestras cuevas lavando nuestras manos, viendo relámpagos proyectando mil muertos por día, escuchando aterrorizados los truenos de las siete. Oramos desde nuestras guaridas a nuestros ángeles con N95, por una vacuna milagrosa que nos permita salir de las tinieblas a trabajar sin temor de que el virus se aproveche de nuestras entrañas. El estrago psicológico que esta situación produce no es menor. El encierro y la crisis económica hacen que la administración del miedo dependa más de construir cimientos para la esperanza, que de proyectar curvas.

Lo que vivimos no es normal y no puede redefinirse. Mientras esperamos la solución, los padres envejecen, los hijos crecen y el futuro no se pospone. Reconocer que los estragos del Covid no se resuelven únicamente desde la ciencia, no es demeritarla. Al contrario, admitir que la ciencia también es política, es un voto de confianza para que los científicos a cargo del combate a la epidemia piensen en los siguientes pasos por los efectos que tienen no sólo en nuestro cuerpo, también en nuestra mente.