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Rafael Rojas

No es lo mismo Biden o Trump

VIÑETAS LATINOAMERICANAS

Rafael Rojas
Rafael Rojas
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Tal y como sucedió en 2016, en América Latina comienzan a circular hipótesis sobre la política de Estados Unidos que reflejan desconocimiento y desinterés en la experiencia del vecino del norte. Hace cuatro años pudimos comprobar una simpatía perversa por Donald Trump entre las izquierdas latinoamericanas gobernantes. Hoy vuelve a repetirse esa preferencia o se sostiene que no hay mayores distinciones entre el mandatario y su opositor, Joe Biden.

El apoyo a Trump se propagó en la región a partir de las expectativas de que el empresario de Manhattan pondría fin a los acuerdos de libre comercio y se movería hacia una política aislacionista. Junto con el aislacionismo no pocos esperaban un giro pragmático que dejaría a un lado la agenda de derechos humanos a nivel hemisférico, con lo cual la relación de Washington con Venezuela y Cuba podría mejorar.

Como pudo comprobarse, esa esperanza se vino abajo muy pronto. Trump tensó el vínculo con ambos países mucho más de lo que habría hecho Hillary Clinton, la opción más rechazada por el bloque bolivariano. La relación prioritaria que el magnate de Nueva York sostuvo con Jair Bolsonaro e Iván Duque produjo un claro alineamiento con las derechas de la región.

El sorpresivo entendimiento entre Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump ha reforzado ese paradójico favoritismo en la izquierda regional. En Centroamérica y el Caribe, el acuerdo entre ambos líderes se observa con interés, en medio de las constantes fricciones que genera la adversa política migratoria de la administración republicana.

Sin embargo, la creciente polarización política que se vive en Estados Unidos está acentuando la contradicción entre el partido republicano y el demócrata. Mientras el primero se mueve más hacia la derecha, el segundo experimenta un proceso de radicalización interna que deberá reflejarse en la candidatura de Joe Biden.

De llegar al poder, los demócratas deberán avanzar en la concesión de cubertura universal de salud y educación a la ciudadanía estadounidense y poner frenos a las medidas xenófobas y racistas de Trump en materia migratoria. Biden también buscará restablecer los vínculos con Europa y Asia, severamente dañados por el sesgo contra el multilateralismo de la política exterior trumpista.

Lo más probable es que con Biden sea retomado el proyecto de normalización diplomática con Cuba. Un desplazamiento que, curiosamente, no celebra la izquierda más autoritaria de la región, acomodada al conflicto y la discordia con Estados Unidos. En sectores intelectuales y políticos de esa izquierda subsiste el viejo hábito de Guerra Fría de desconocer el progresismo norteamericano.

Las diferencias entre Biden y Trump se acentúan a medida que crece la tensión entre la ciudadanía multicultural y globalizada de Estados Unidos y la base rural y cristiana del trumpismo. Para América Latina la llegada de los demócratas a la Casa Blanca es claramente más favorable.