Rafael Rojas

Dos discursos en el Caribe

VIÑETAS LATINOAMERICANAS

Rafael Rojas*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Rafael Rojas
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
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  • Rafael Rojas

La reciente gira del Presidente Andrés Manuel López Obrador resume la contradicción que plantea el proyecto de la Cuarta Transformación dentro de la izquierda latinoamericana. Desde su campaña presidencial, hace cinco años, AMLO se perfiló como una figura de la izquierda post-fidelista y post-chavista, en el siglo XXI, llamada a administrar con especial cuidado las continuidades y rupturas con sus antecesores.

En esta gira, el Presidente personificó la contradicción: admira la Revolución Cubana y a Fidel Castro, pero propone una vía de transformación democrática y capitalista, y un tipo de vínculo con Estados Unidos, radicalmente distintos a los del socialismo cubano. Justifica la falta de democracia en Cuba y suscribe la criminalización de las protestas populares y de la oposición pacífica en la isla, porque las considera efectos perversos del bloqueo, pero se proyecta como principal aliado regional del antagonista histórico de La Habana.

En Belice, país regido por la monarquía británica, López Obrador sostuvo una visión del mundo, colocada en las antípodas de la izquierda bolivariana. A su juicio, un “declive de Estados Unidos”, frente al “avance económico y comercial de China”, que puede llegar a ser “hegemónico”, representa un “peligro geopolítico”, que debe ser enfrentado por medio de una integración entre América Latina, Estados Unidos y Canadá, siguiendo el modelo de la Unión Europea.

La tradición fidelista y chavista de la izquierda siempre apostó por la resistencia contra el imperialismo yanqui, o, lo que es lo mismo, por el contrapeso a la hegemonía hemisférica de Washington por medio de la alianza con potencias rivales, como la URSS en la Guerra Fría, y luego Rusia, China, Corea del Norte, Irán o Libia tras la caída del Muro de Berlín. Otras iniciativas geopolíticas, como los BRICS de Lula y Dilma en Brasil, también buscaron alternativas por vía de la colaboración Sur-Sur o entre potencias medias.

La propuesta geopolítica de AMLO no tiene antecedentes en la izquierda latinoamericana del siglo XX, ni siquiera en la cardenista o la echeverrista, que tanto se enfocó en el Tercer Mundo, sino en el reformismo anticomunista de la Guerra Fría, tipo el APRA en Perú o Acción Democrática en Venezuela. El “peligro geopolítico” de entonces, que legitimaba la aproximación a Estados Unidos, era, fundamentalmente, la URSS. Ahora, para AMLO, es China.

Al día siguiente del discurso en Belice, en el Palacio de la Revolución de La Habana, López Obrador reiteró la idea de la integración a Estados Unidos y Canadá, con un matiz. Dijo que la disyuntiva entre integración y enfrentamiento con Washington era falsa, que abogaría ante Joe Biden por el fin del bloqueo contra la isla, que la Revolución debía renacer y renovarse y que nunca apoyaría a “golpistas” contra Cuba. Nada más que, según el gobernante Partido Comunista de la isla, el principal golpista en Cuba y América Latina se llama Estados Unidos.