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Valeria Villa

Respuesta sexual humana (II)

LA VIDA DE LAS EMOCIONES

Valeria Villa
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En buena medida, el esencialismo sobre lo que debe ser un hombre y una mujer se debilitó gracias al trabajo de Masters y Johnson. La sexualidad no debería ser un lugar de debate público ni la vida privada objeto de invasión. Los esquemas de clasificación freudiano en homo, hetero, bisexual y perversión, prevalecieron durante décadas, en categorías que separan y evalúan a las personas en una jerarquía de moralidad y normalidad. El sistema heteronormativo sólo sirvió para descalificar la diversidad. Johnson y Masters entendieron la vida sexual como una expresión de la personalidad. La Clínica de la Conducta Sexual Humana se convirtió en confesionario para escuchar las verdades escondidas de los pacientes. Las asociaciones del cuerpo con los recuerdos infantiles, con un tiempo muy lejano y profundo que es reprimido, hace de la infancia una época prehistórica que esconde el comienzo de la vida sexual que inicia con la vida. El sexo es una forma de decir la verdad sobre quiénes somos.

En Masters of Sex, se retrata una masculinidad asociada con violencia y con aguantarla para probarse como hombre. Las lesbianas no podían tener una vida abierta y libre. Los negros se veían como animales obsesionados con el sexo. En un punto de su trabajo científico, Masters y Johnson fueron expulsados de la comunidad blanca por ser demasiado amenazantes para la moral oficial. Descubrieron también que detrás de las disfunciones sexuales había enojo, violencia y humillación. Se atreven a ponerle palabras a la sexualidad para quitarle la carga de vergüenza. Los conservadores consideran que su trabajo es inmoral. La mujer, pensaban, se volvería promiscua si buscaba el placer por el placer. Elaboran tratamientos exitosos para resolver las disfunciones de sus pacientes. Entienden que la ansiedad puede echar a perder la vida sexual de una persona. Trascienden el estudio del cuerpo, comienzan a hacerse preguntas sobre la mente y se dan cuenta de que el amor no se puede medir y tampoco la curva de nuestro deseo. La mujer debe liberarse de las expectativas del hombre para enfocarse en su placer. En la terapia sexual contemporánea, uno de los pilares para resolver desencuentros es la individuación y la autonomía de la pareja. Cada uno tendrá que hacerse cargo de si mismo. Nadie debería preocuparse por hacer del sexo un performance sino un acto libre. Las parejas deberían poder decir lo que realmente desean sin juzgarse.

El sexo también es un intento de reparación de las parejas de lo vivido con sus padres. Quizá una mujer quiere que la dominen porque tuvo una madre dominante y un padre disminuido, pero tiene un marido que creció con un padre violento, que necesita tratarla con respeto y ternura porque tiene miedo de hacerle daño. Hay parejas que son incapaces de darle al otro lo que necesita. Los románticos quieren sexo con ternura, pero no todas las personas desean lo mismo. Las parejas necesitan perdonarse por las decepciones causadas y volver a intimar fuera de la cama para lograr hacerlo dentro de ella. Bill Masters concluye: “No hay dos personas que pinten el mismo cuadro. Todos somos desviados sexuales, porque no hay una norma en la sexualidad”.