Martes 1.12.2020 - 05:52

Es odio, pero también terrorismo

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Patrick Crusius, un joven blanco de 21 años de Allen, Texas, una localidad cercana a Dallas, estudiante universitario, sin ningún antecedente penal, compró legalmente uno de los rifles de asalto más mortíferos del mundo, condujo varias horas hasta El Paso, la ciudad que hace frontera con Ciudad Juárez, sede de uno de los centros militares más grandes e importantes de Estados Unidos, y se dirigió, en plena tarde, a un supermercado donde había en ese momento unas tres mil personas, muchas de ellas mexicanas o mexicoamericanas, haciendo compras previas al ingreso a clases

Con toda frialdad, se puso unos lentes especiales, un protector de ruidos, tomó el fusil de asalto y comenzó a disparar. No fueron ráfagas al azar, fue eligiendo víctimas y disparándoles selectivamente durante 20 minutos, mató a por lo menos a 22 personas, ocho de ellas mexicanas; dejó heridos a otros 20, incluyendo mujeres y niños. Salió de la tienda y se entregó a los policías que rodeaban el centro comercial.

Minutos antes de cometer ese crimen había publicado en una página web, que sirve para intercambiar mensajes de grupos de ultraderecha, un manifiesto en el que el joven habla de que los hispanos se apoderarían de la economía y el gobierno de Estados Unidos, por lo que argumentaba que atacar objetivos de “baja seguridad” era una manera de “luchar para recuperar a mi país de la destrucción”. Si podemos “deshacernos de suficientes personas, nuestra forma de vida puede ser más sostenible”. Afirmó que estaba “defendiendo” a su país “del reemplazo cultural y étnico provocado por una invasión”.

Es demencial, pero Crusius no es un loco, como lo calificó el presidente Trump, y el suyo tampoco es sólo un crimen de odio. El suyo es un acto terrorista. No es diferente al de un joven tiroteando bares en París o arrollando transeúntes en Alemania o Gran Bretaña. Es un crimen brutal cometido con frialdad desde una perspectiva ideológica y política. Y según su propio texto, él sólo es la avanzada de otros que seguirán el mismo camino para enfrentar la invasión que sufre su nación.

[caption id="attachment_976609" align="alignnone" width="696"] El Paso, Texas. Luego del ataque en una tienda Walmart que terminó con la vida de 22 personas, entre ellas ocho mexicanos, se instalaron altares a unos metros del lugar; en la imagen una mujer honra a una de las víctimas. Foto: Cuartoscuro[/caption]

Los relatos sobre las víctimas se suceden. Elsa Mendoza de la Mora era una maestra que vivía en Ciudad Juárez, originaria de la comunidad de Yepómera, en Chihuahua. Había ido de compras al centro comercial de Cielo Vista. María Eugenia Legarreta Rothe viajó de Chihuahua a El Paso para recoger a su hija Natalia en el aeropuerto, que regresaba de un viaje. Mientras el vuelo llegaba, decidió hacer tiempo en el Walmart de dicha plaza para comprar algunos artículos para el hogar. Un matrimonio defendió con su cuerpo a su bebé, los dos murieron. La lista de dramas personales es casi interminable.

El gobierno mexicano en un paso arriesgado, pero digno, calificó al acto de terrorista y está estudiando realizar demandas legales al respecto, pidiendo incluso la extradición del asesino. Ésta sería la primera querella de su tipo presentada por este tipo de actos.

Mientras tanto en Estados Unidos el ataque es considerado como un caso de “terrorismo interno”, por lo que presentarán cargos por delitos de odio, según el Fiscal federal para el Distrito Oeste de Texas, John F. Bash, mientras que el Fiscal de Distrito del Condado de El Paso, Jaime Esparza, dijo que pedirán la pena de muerte contra el atacante.

El director del FBI, Christopher Wray, declaró ante el Congreso que en los primeros tres trimestres del año fueron arrestadas alrededor de 100 personas por terrorismo nacional, cifra similar al número de detenciones internacionales en el mismo periodo. Investigaciones consideran que los terroristas domésticos siguen radicalizándose en línea, ya que ahí pueden establecer lazos con otros extremistas, además de encontrar inspiración y los recursos que necesitan para actuar. El terrorismo interno, impulsado por supremacistas blancos, es uno de los mayores desafíos de Estados Unidos, producto del discurso de odio lanzado desde la misma Casa Blanca.

Y es que desde hace años, el presidente Donald Trump ha sido cuestionado por inspirar este tipo de actos con sus discursos antiinmigrantes. Inició su campaña electoral diciendo que los migrantes mexicanos eran asesinos y violadores y desde entonces son miles las ocasiones en que ha descalificado a los migrantes que, como los supremacistas, dice que están invadiendo a su país. En octubre de 2018, Trump escribió en Twitter un mensaje en el que calificaba de “invasores” a los indocumentados y en el que les advertía que serían recibidos por las tropas que había desplegado en la frontera con México. “Esto es una invasión de nuestro país y nuestros militares los esperan”, escribió. Días después desde la Casa Blanca, señaló que si los inmigrantes pensaban lanzar rocas a “nuestros militares, nuestros militares responderán (…). Cuando ellos lancen rocas como hicieron a los militares y la policía mexicana, yo digo que lo consideren un rifle”.

Para la Casa Blanca no hay relación entre los ataques y los dichos de Trump, ya que los tiroteos masivos son un fenómeno desde hace varias décadas, y son perpetrados por “enfermos mentales”.

El tiroteo de El Paso es al menos el tercer caso durante este año en el que se cree que un sospechoso ha publicado en el portal “8chan” previamente su ataque; éste es un tablero de mensajes en línea que ha sido utilizado por cuentas anónimas para compartir mensajes extremistas y animar a los atacantes de tiroteos masivos.

Un día después del ataque en El Paso hubo otro en Dayton, Ohio, y un tercero en Chicago. De acuerdo con el sitio de rastreo de tiroteos en Estados Unidos, Gun Violence Archive, el ataque en Ohio es el número 250 que se reporta en lo que va del 2019.

Inevitablemente, estos hechos vuelven a poner sobre la mesa la regulación de la portación y venta de las armas de fuego en la Unión Americana.

En 2012, tras el tiroteo en la escuela de Newtown, el Congreso intentó promulgar verificaciones de antecedentes universales en todas las compras de armas, incluidas las transacciones privadas. A pesar del apoyo bipartidista en el Senado, una minoría bloqueó la propuesta mediante un procedimiento parlamentario.

Cuando los demócratas se hicieron cargo de la Cámara en enero de este año, aprobaron una legislación similar al proyecto de ley de Newtown, la primera vez en un cuarto de siglo que la Cámara baja del Congreso aprobó nuevas regulaciones sobre armas de fuego.

Después de los hechos de esta semana, la presión ahora está en el Senado (controlado por los republicanos) para tomar la medida, algo que hasta ahora el líder de la mayoría, Mitch McConnell, se ha negado a hacer. Trump habló ayer de regulación, pero pidió que fuera de la mano con una reforma de migración, que incluye la construcción del muro fronterizo.

Mientras tanto, se siguen sumando víctimas, y los supremacistas blancos en Estados Unidos han provocado más víctimas, muchas más, que el Estado Islámico en los demás países occidentales. Ése es hoy el verdadero terrorismo.