Víctimas “indirectas” de la tragedia LeBarón

GENTE COMO UNO

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¿Cuáles son las víctimas directas? es mi pregunta, ¿los muertos? ¿o hay algún vivo que es víctima directa?”, fue la pregunta enérgica que con voz herida me hizo Adrián LeBarón hace unos días durante la conversación que sostuvimos para el noticiero Es de Mañana de Adn40.

“Yo soy el papá de Rhonita, y a mí me quemaron una hija y me quemaron cuatro nietos” me dijo con la voz entrecortada y una rabia que se filtraba a cada segundo por esa línea telefónica.

Adrián LeBarón recibió hace unos días una tarjeta informativa por parte de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, con la que se le notificó la solicitud de la Fiscalía General de la República, para inscribir en el Registro Nacional de Víctimas a todos los afectados “directos e indirectos” por los hechos ocurridos el 4 de noviembre pasado en Bavispe, Sonora, donde fueron brutalmente asesinados entre mujeres y niños, 9 integrantes de la familia LeBarón.

De acuerdo a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), las víctimas directas son las personas físicas que hayan sufrido algún daño o menoscabo económico, físico, mental, emocional, como consecuencia de la comisión de un delito o violaciones a sus derechos humanos; mientras que las víctimas indirectas son los familiares o personas encargadas de las primeras.

Dichos conceptos incluidos en el glosario de la CEAV tienen lógica en la redacción, pero en la práctica, en la vida real, no puede entenderse así.

Adrián LeBarón afirma que luego de la masacre al menos 20 menores quedaron huérfanos, hay 3 viudos y decenas de otros familiares directos que también quedaron con sus vidas fracturadas por lo ocurrido.

Mención aparte exige Adrián para los menores que lograron sobrevivir al trágico episodio y que difícilmente volverán a experimentar la paz.

Todos ellos sufren terribles consecuencias del ataque en La Mora, porque para ninguno la vida volverá a ser igual, ahora sin una madre, una hija, un hermano o hermana.

Y el tormento permanente de ver las escenas de la masacre, que se reviven como un carrusel sangriento, inclemente, cada vez que en algún medio se toca el tema.

Adrián LeBarón y Emilio Álvarez Icaza, en la Cámara de Senadores, el pasado 3 de diciembre. Foto: Cuartoscuro

“Yo he dicho que mataron a la hija incorrecta, porque yo sí me voy a dedicar en cuerpo y alma a ser una inspiración para que otras víctimas de otras masacres tengan también oído. Ése es mi propósito en la vida de ahora en adelante” me dijo desencajado Adrián LeBarón, como si fuera una advertencia incluso para sí mismo.

Pero ¿cuál es exactamente el beneficio que ofrece la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, a los miembros de la familia LeBarón una vez que queden inscritos en el Registro Nacional de Víctimas? Al menos el padre de Rhonita, Adrián LeBarón, aún no lo sabe…

Y el panorama es el mismo para otras miles de familias mexicanas que no sólo tienen que lidiar con las consecuencias de un crimen, sino con la impunidad que llegó a 89% en casos de homicidio doloso en nuestro país.

Sólo 1 de cada 10 casos han sido resueltos, según el último informe de la organización Impunidad Cero. Es Morelos, según el mismo estudio, el estado con el nivel más grave con el 99.6% de impunidad, seguido de Chiapas con el 99.0%, Oaxaca con el 97.8% y otros 8 estados que exceden el 91%.

Antes de cumplir las primeras 24 horas del 2020, ocurrieron en San Luis Potosí y Michoacán, el primer feminicidio y homicidio doloso respectivamente. No ha pasado ni una semana del nuevo año y ya empezamos a sumar muertos…

Adrián LeBarón hoy está entregado a encontrar justicia para su familia. Como las más de 30 mil familias de los asesinados en 2019 o las más de 40 mil que sufren por un desaparecido en nuestro país.

Para ellos el propósito de Año Nuevo —y quizá del resto de su vida— ya no será hacer un viaje, bajar de peso, encontrar un mejor trabajo o aprender un nuevo idioma.

Para miles de familias en México, el propósito y motivación de vida será buscar pistas, encontrar huellas, rastros, culpables y un castigo que por eterno que sea, de todas maneras nunca devolverá lo que la muerte se llevó.

 

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