Jueves 22.10.2020 - 05:00

Economía emocional

Las lágrimas de Fabiana y el error metodológico de ser mujer
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La tecnología está llevando los trabajos humanos a un territorio emocional. Esto NO es para lo que está configurado nuestro sistema económico actual. De hecho, a algunos economistas les preocupa la incompetencia para mejorar la “productividad” de los trabajos de contacto humano, como la asistencia sanitaria. Porque actualmente somos rebuenos para juzgar la calidad de los empleos por su contribución al PIB.

Así como las máquinas de la era industrial hicieron que la fuerza física fuera menos necesaria para los trabajos humanos, así la revolución de la información nos libera de la “talacha mental” para complementar a las computadoras. Muchos de los trabajos más importantes del futuro requerirán habilidades sociales o improvisaciones creativas, no cálculo avanzado y memorización; y la creciente demanda de personas empáticas requiere un cambio de perspectiva económica.

Esto significa variar nuestro enfoque particular en el rendimiento académico como el camino hacia el éxito de todas las personas. Significa dar más respeto y mejores salarios a trabajadores que realmente dedican su tiempo a nosotros.

Para ello, la economía debe comprender y ser consciente de nuestras emociones. ¿Cómo logramos esto?

Dentro del sector salud, si la relación interpersonal entre cuidadores y paciente no genera una conexión emocional, cuidar con una perspectiva integral es muy complicado. Esta comprobadísimo en salud: se puede cuidar y hasta curar la enfermedad, pero a veces no a la persona, que es más que su cuerpo... es su familia, su entorno, su comunidad, su ideología.

Lo que más valoramos cuando pasamos por un hospital, es el tipo de trato que recibimos. Aquí entendemos la fragilidad del cuerpo, la temporalidad de la vida, el “Dios quiere”, por eso celebramos la muerte. Pero si recibimos buen trato, hasta la doctora o el enfermero se vuelve parte de la familia, sea el resultado que sea. Estudios y experiencias señalan que cuando el cuerpo médico conecta emocionalmente con las redes del paciente, se producen menos casos de abandono precoz del tratamiento y menos recaídas.

Pero…  una buena asistencia emocional es imposible sin tiempo. Requiere mirar a los ojos, escuchar activamente. Acompañar. Precisamente, la posesión que más anhela el personal sanitario es el tiempo. ¿Cómo puedes conectar con pacientes si estás en jornadas de 18 horas al día revisando 80 pacientes diferentes? ¿Quién es quién y cómo, qué, cuándo? Entre la sobreexplotación laboral y el desmantelamiento institucional de los últimos 30 años, el lugar para el desarrollo emocional del personal médico ha desaparecido. Como también en muchas áreas. Y lo sentimos.

Podríamos optar por poner más recursos para personas que realizan trabajo exigente emocionalmente. Al mismo tiempo, podríamos transformar otras partes de la economía, ayudándonos así, tal vez, a aprender a relacionarnos con las personas que tenemos enfrente. Ya que los robots y los algoritmos nos sacarán rápidamente del trabajo cognitivo, hay una enorme oportunidad ante nosotros.