Cerramos la semana informativa en paz. Si bien estuvo marcada por un asunto laboral que se politizó, la rebelión de policías federales carece de sustento; acaso mostró cierta desinformación, nimiedad que se subsana con oportunas mesas justamente, de información, para que agentes fifís, buscando preservar cotos de poder y turbios negocios, queden tranquilos y entiendan que, si bien antigüedad laboral, condiciones y salario van a cambiar sin remedio, en detrimento suyo, deben sopesar que aun ganando menos serán más felices.
Ahora bien, que si el problema es que el perfil de formación policiaca de esa corporación echada a perder no cuadra con la educación castrense que manda en la Guardia Nacional, entonces pueden cuidar algunas instalaciones federales que todavía, cosa rara, custodian policías municipales mexiquenses con blancas y viejas patrullas Tsuru balizadas de negro y dorado; o bien, jardines públicos, o unirse al Instituto Nacional de Migración que, sin considerar que a veces estando en comisión pernoctan sobre cartones, tendrán grandes uniformes que, además de distinguirlos, les ofrecerán un cálido refugio hasta para dos colegas en un mismo pantalón.
En resumen, el problema de los policías federales no es problema. Acaso, pretexto para que Felipe Calderón y Miguel Osorio intentaran hacer grilla. Ya expuestos, y aún sin prueba alguna, el complot ha sido conjurado. Que algunos miles de corruptos elementos federales, por su misma descomposición, pasen a engrosar las filas del ya de por sí robusto crimen organizado, ávido de captar técnica e información oficial, no implica mayor riesgo. Al menos nadie lo dice.
Otro tema. A 20 días para que venza el plazo impuesto por Estados Unidos a las autoridades nacionales, para frenar sustantivamente el flujo de migrantes centroamericanos, o de donde sean, hacia su territorio desde el nuestro, todo marcha viento en popa. Deportaciones de decenas de haitianos, guatemaltecos, salvadoreños y hondureños ocurren sin contratiempos; lo mismo desde Ciudad Juárez que desde Tapachula.
La presencia (muy aplaudida por Trump) de 15 mil soldados en labores de patrullaje y los ya explicados cateos en hoteles del sur del país han logrado (suponemos) desmantelar las redes de traficantes-extorsionadores de migrantes, que antes nunca fueron perseguidas. Ahora ya. Los procesos judiciales, quizá existan, pero se desconocen por sigilo, asunto que maneja la Cancillería. O Gobernación. Discreta sincronía.
El Índice de Confianza del Consumidor cayó por cuarto mes consecutivo. Las estimaciones sobre crecimiento del PIB para 2019 y 2020, también. Pero el Presidente apuntó en su mensaje al pueblo, con motivo de su primer aniversario como triunfador de las elecciones federales, que hay muchos otros indicadores muy halagüeños que no se mencionan; sólo por rescatar uno: el aumento de consumo en tiendas departamentales.
Otros datos, diría AMLO, que no sólo contradicen a las calificadoras internacionales (al servicio del neoliberalismo), sino también a la Secretaría de Hacienda y al Banco de México; pronósticos técnicos a la baja que fallarán. En 2024, cuando el PIB nacional haya superado con creces el 5 por ciento de incremento y el promedio sexenal roce la media de 4 por ciento, Moody´s, Standar & Poors, Fitch Ratings, nuestro Banco Central y los tecnócratas remanentes en Hacienda van a colapsar. Su credibilidad quedará derruida.
El modelo económico de la 4T habrá demostrado que ahorrando, aun con múltiples daños colaterales (despidos injustos e injustificados) cuyos ecos malamente merecen tanta o más difusión por parte de los medios que la instauración del 1 de julio como día histórico, más el reparto directo de dinero a la base social, se creará una dinámica económica y de mercado nueva, más justa y eficiente.
En el Zócalo, el Presidente informó que 78 de 100 compromisos hechos hace un año han sido cumplidos. A este paso, para diciembre próximo, además de ver desterrada la corrupción, el 100 por ciento de la palabra empeñada estará cumplida. El resto del sexenio será para vigilar que todo marche bien y mejor en la construcción de aeropuertos, refinerías, trenes, caminos y universidades, todo con seguridad y en paz. Hay que pensar el futuro con optimismo, lógica y fe, que tampoco implica mucha ciencia.

