El Presidente Andrés Manuel López Obrador decidió acabar con la Policía Federal, a la que tilda de corrupta, impreparada e ineficiente; como que si por él fuera, desaparecería también al Ejército y la Marina para sumarlos a la Guardia Nacional; aunque reconoce que no lo puede hacer, “porque hay resistencias”, según declaró a reporteros de La Jornada en la extensa entrevista que este diario publicó el lunes, al cumplirse un año de su arrollador triunfo electoral.
De lo primero da cuenta el conflicto que se ha originado en los últimos días por la rebeldía de los elementos de la corporación que dirigiera Manelich Castilla, a no sólo ser incorporados obligatoriamente a la Guardia Nacional —lo que tanto el propio Ejecutivo federal como el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, niegan—, sino por la insistente violación a sus derechos laborales y humanos, despidos injustificados y acusaciones y, de lo segundo queda, por ahora, el mero deseo.
DE ESTO Y DE AQUELLO…
Tras la declaración del Presidente López Obrador, de que detrás del conflicto de los integrantes de la vapuleada Policía Federal “hay mano negra” y que “esto se manejaba desde los sótanos de Bucareli”, el exsecretario de Gobernación y actual senador priista, Miguel Ángel Osorio Chong, rechazó tener injerencia alguna.
Al mismo tiempo, el hoy legislador hidalguense, negó que en esa dependencia, de la que fuera titular, y a la que el Presidente responsabiliza de que la corporación “se echó a perder” en el sexenio de Peña Nieto, existan sótanos, como tanto se dijo durante las gestiones de anteriores gobiernos del PRI.
Después de que en la sede del Centro de Mando de la PF, el comisario de la División de Fuerzas Federales advirtió a los inconformes que la incorporación obligatoria de sus elementos a la Guardia Nacional “es una orden del Ejecutivo federal”, en el mismo lugar, durante la negociación con ellos, ayer, les dijo que “a nadie, por ningún concepto, se le obligará a incorporarse a la Guardia Nacional si no es su deseo”.
Tan no lo es que ése fue, precisamente, junto con las violaciones laborales y a sus derechos humanos, uno de los motivos principales de la rebelión policiaca, que continuó ayer entre reclamos y quejas de los policías federales “fifís”, así llamados despectivamente por el comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, quien parece seguir yéndose “por la libre” y decir y hacer lo que le plazca.
Este funcionario se rehusó después a acudir a la comparecencia a la que fue citado por los diputados que integran las Comisiones de las Fronteras sur y norte del país, con la justificación presidencial de que “está ocupadísimo” en el desempeño de su cargo.

