Cindy la regia (de cómo la comedia pop puede ser feminista)

Riesgos y oportunidades de la soledad
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Los prejuicios de género, clase social y raza son una forma económica y fallida de entender realidades que requieren de una comprensión contextual compleja. Hablar de Cindy la regia ha resultado un reto porque queda descalificada de inicio. Seguramente no hay nada interesante en una comedia romántica que retrata la castración sistemática y normalizada de una joven rica, nacida y criada en San Pedro Garza García, Nuevo León, uno de los municipios más ricos del país. De Cindy sólo se espera que se case tipo bien y que tenga varios hijos preciosos con el novio de toda la vida aunque el futuro marido le provoque bostezos y no entusiasmo ni ilusión. Tres son los personajes femeninos que destacan en esta historia: una regiomontana que huye a la Ciudad de México para no casarse, su prima citadina que tiene novia y una abuela paterna que decidió abandonar la vida de esposa y madre que no eligió para encontrar una existencia libremente elegida.

Pero a quién le podría importar esta regia si es una niña rica y privilegiada con problemas de primer mundo, habiendo mujeres que realmente sufren. Se vuelve casi un deber moral ignorar a las mujeres de clase alta porque sus malestares no están incluidos en la retórica del compromiso social. La interpretación llegó más lejos: Cindy es un producto para los fresas que se quejan de todo y sufren por nada. Debe ser que la violencia doméstica, los trastornos de alimentación y dismórficos de la personalidad y los trastornos del afecto no son dignos de atención. Problemas de salud mental que se derivan en parte, de una cultura que impone una presión brutal sobre las mujeres sobre cuál es la apariencia y la conducta que las hace dignas de que alguien las quiera: deben ser flacas, elegantes, no decir palabrotas, no trabajar, ni disfrutar de todas las expresiones de la sexualidad, porque eso las vuelve fáciles de obtener y no dignas de un hombre respetable que las elija como esposas.

Freud habló de una estructura de la personalidad a la que puso el nombre de superyó. Aquí no será reificada esta palabra, entendiéndola como una cosa o un ente intrínseco a la naturaleza humana, sino como una de muchas formas de explicar la loza cultural que pende sobre todos en la forma de reglas, prohibiciones, expectativas socioculturales y parentales, que imponen un ideal del yo perfecto, imposible de alcanzar y fuente de frustración e inseguridad permanente. Cindy la regia disecta con acierto el superyó regiomontano de clase alta.

No es poca cosa que una película mexicana aborde el amor gay como una configuración legítima del amor; tampoco que una mujer que no lo necesita, aprenda a trabajar y a preguntarse qué quiere, cuáles son sus talentos y verse a sí misma como alguien inteligente capaz de logros y no sólo como una presencia ornamental. No es en lo mínimo poca cosa presentar a una joven disfrutando de su sexualidad en formas nuevas que creía desagradables o prohibidas para las chavas decentes.

Cindy la regia no es ni de lejos una gran película pero tiene la virtud de abordar temas todavía controvertidos sobre el destino de las mujeres, en un formato divertido y con una calidad más que digna.