Un buen día en el vecindario

Riesgos y oportunidades de la soledad
Por:

(No creo que nadie pueda crecer hasta que no lo amen por ser exactamente quién es— Fred Rogers)

Fred Rogers protagonizó durante 31 años Mr Roger’s Neighbourhood, programa transmitido por la televisión pública de Estados Unidos (PBS). Su audiencia eran los niños, a quienes explicaba el mundo de las emociones con conocimientos sólidos de psicología infantil, paciencia, títeres, canciones y un carisma que emanaba de su mirada y de la amabilidad de sus palabras, como si conociera los deseos y las necesidades de cada uno de sus televidentes.

Durante toda su vida recibió miles de cartas agradeciéndole por haber cambiado la vida de algunos de sus admiradores, por ser el padre que no tuvieron en casa, por haber ayudado a recuperar la esperanza a un niño con autismo o a un paciente con una enfermedad degenerativa.

Se exhibe en estos días la película Un buen día en el vecindario (Marielle Heller, 2019) cuyo guion se basa en un artículo publicado por la revista Esquire, en 1998, escrito por Tom Junod, que en ese año entrevistó a Rogers, experiencia que le cambió la vida. Junod (Lloyd en la película) era famoso por su capacidad destructiva al describir a sus entrevistados y es un hombre que aunque tiene una buena pareja y un hijo recién nacido, huye constantemente de la cercanía y de lo que siente. Está furioso con su padre, a quien no ve desde hace tiempo. El encuentro con Rogers lo confronta con su propia vida emocional, ya que pasa de ser entrevistador a recibir preguntas de Rogers, quien muestra interés, curiosidad y empatía por su vida. Junod describe a Rogers como un hombre bondadoso pero intrépido, sin vergüenza de hacer preguntas íntimas mediante las que logra penetrar la coraza de Lloyd, que esconde enojo, amargura y tristeza.  A Lloyd le cuesta creer que pueda existir tanta bondad en un ser humano. Rogers no es un héroe pero tampoco un personaje inventado, sino alguien que aprendió a transformar el enojo y la decepción. El método mágico de Rogers para ayudar a Lloyd es escucharlo con atención absoluta y dolerse por su dolor. Esta actitud de curiosidad bondadosa transforma la vida del periodista, que entiende que no puede seguir sin hablar de lo que siente y huyendo de su vida. Lloyd, que se describe como una persona rota, comienza a repararse en la relación con Rogers, quien le propone que en lugar de aferrarse a la ira, piense en las personas cuyo amor le han hecho ser quien es.

Todo lo que puede nombrarse, puede ser manejable, dice Rogers. Lo bueno y lo malo, lo feliz y lo triste, el enojo y la calma.

El método de Rogers para vivir parece simple pero es un trabajo de todos los días y de por vida: decir gracias tantas veces como sea posible, apreciar las cosas buenas de los demás, decir te quiero de muchas formas, enfrentar y no huir de los sentimientos.

Esta película podría ser especialmente útil para quienes han hecho del enojo la única emoción posible para enfrentar la vida. También para los escépticos de la bondad y para quienes huyen de lo cursi por pose intelectual pero sobre todo, por miedo a sentir.