La fe deja marcas

¿Los clavan de verdad en el Viacrucis de Iztapalapa?

Más que fe, se trata de un papel que necesita fuerza; hay una gran logística detrás de cada representación

Los mitos y realidades de esta representación Foto: Cuartoscuro

Cada año, surge la duda recurrente entre los asistentes a la Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa, el Viacrucis es uno de los eventos masivos más vigilados por las autoridades de Protección Civil y la Secretaría de Salud de la Ciudad de México.

El desgaste físico extremo al que se someten sus participantes deja dudas y especulaciones sobre lo que es verdad en este evento. Aunque el realismo aparente es una prioridad para la tradición, la integridad física está protegida por profesionales.

¿Se clavan de verdad en Iztapalapa?

A diferencia de algunas representaciones en países como Filipinas, donde sí se utilizan clavos galvanizados que atraviesan las palmas de las manos, en Iztapalapa no se clava físicamente al actor que interpreta a Jesús.

Aun sin crucifixión, la práctica requiere un esfuerzo impresionante ı Foto: Cuartoscuro

La escena se logra con un método seguro, el Cristo de Iztapalapa es sujetado a la cruz mediante cuerdas de cáñamo de alta resistencia, las cuales amarran sus muñecas y brazos firmemente a la madera.

Para sostener el peso del cuerpo durante los minutos que dura la crucifixión en la cima del Cerro de la Estrella, se utiliza un pedestal o pequeño escalón de madera donde el actor apoya los pies.

A pesar de no usar clavos, la carga física es extrema, el actor recorre 3 kilómetros cargando una cruz de entre 70 y 100 kilos. El trayecto se realiza bajo temperaturas que superan los 28°C en la Ciudad de México.

Además, el protagonista recibe azotes reales que, aunque controlados, dejan hematomas visibles.

Lugares donde se practica la crucifixión real

A diferencia de México, existen regiones del mundo donde la fe se manifiesta de manera más explícita y se llevan a cabo crucifixiones reales.

Filipinas es el epicentro mundial de esta práctica. En la provincia de Pampanga, los penitentes son clavados a cruces de madera con clavos de acero de 4 pulgadas (10 cm) previamente esterilizados.

En regiones de República Dominicana se han reportado casos de penitentes que se clavan las manos a maderos como “promesas” por milagros recibidos, en actos de sacrificio individual extremo.

Mientras tanto en México, la práctica más parecida se encuentra en Taxco, Guerrero, donde los “Encruzados” cargan rollos de zarzas con espinas de 50 kilos amarrados al cuello y hombros.

Por su parte, los “Flagelantes” utilizan látigos con puntas de acero para abrir la piel de la espalda en un acto de penitencia pública.

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