La comunidad científica internacional ha descifrado uno de los mayores enigmas del cometa 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar confirmado en cruzar nuestro vecindario cósmico.
Según una investigación liderada por la Universidad de Michigan y publicada a finales de abril de 2026, este viajero espacial no solo viene de otra estrella, sino de un entorno cuya química es radicalmente distinta a la nuestra.
Utilizando la potencia del radiotelescopio ALMA en Chile, los astrónomos Luis E. Salazar Manzano y Teresa Paneque-Carreño lograron analizar la composición del agua en el núcleo del cometa, obteniendo resultados que han dejado atónitos a los expertos.

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El hallazgo principal reside en la proporción de agua semipesada (HDO). A diferencia del agua común, esta molécula contiene deuterio, un isótopo de hidrógeno que posee un neutrón adicional.
El hallazgo del cometa 3I/ATLAS ha revelado una concentración de deuterio 40 veces superior a la de los océanos terrestres y 30 veces mayor que la de cualquier cometa de nuestro Sistema Solar.
Esta firma química funciona como un fósil congelado, lo que significa que, para alcanzar tal nivel de concentración de agua, el cuerpo celeste debió formarse en una nube de gas y polvo con temperaturas extremas, inferiores a los -243 °C (30 Kelvin).
Los datos obtenidos por ALMA sugieren que la nebulosa que dio origen a 3I/ATLAS era significativamente más fría y con menos radiación que la nebulosa solar que creó a la Tierra y al Sol.
Esta anomalía química, sumada a una presencia inusualmente alta de dióxido de carbono, confirma que la diversidad de sistemas planetarios en la galaxia es mucho más amplia de lo que se sospechaba.
“Este descubrimiento establece una diferencia marcada entre nuestro entorno y otros puntos de la galaxia”, señalan los investigadores en la revista Nature Astronomy.
¿Cómo se descubrió el origen del 3I/ATLAS?
La recolección de estos datos fue una hazaña técnica. Los científicos aprovecharon el tránsito del cometa apenas seis días después de su punto más cercano al Sol.
Gracias a que el telescopio ALMA usa ondas de radio en lugar de luz, pudo ver al cometa justo cuando salía de detrás del Sol. Esto permitió a los científicos observar cómo se evaporaba el agua de su centro antes de que el intenso calor del Sol cambiara su composición original.
Aunque el punto exacto de la galaxia de donde proviene 3I/ATLAS sigue siendo un misterio, su paso a 305 millones de kilómetros de nosotros ha permitido “tocar” por primera vez la materia de un sistema solar lejano, revelando que el universo es mucho más diverso y frío de lo que imaginábamos.

