Pese a sanciones

Sigue la tradición del Sábado de Gloria y no hay detenidos

Desperdiciar agua es una conducta sancionada en la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México y contribuye a la crisis hídrica de la capital

Miles de personas acudieron también a las albercas de la Utopía Mixiuhca.
Miles de personas acudieron también a las albercas de la Utopía Mixiuhca. Foto: Cuartoscuro

VECINOS de Iztapalapa, Iztacalco y Venustiano Carranza aprovecharon el Sábado de Gloria para arrojarse agua en la calle, pese a que es una actividad sancionable en la capital. Aun con ello, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) no registró detenidos.

La Razón recorrió zonas de las tres alcaldías mencionadas y observó que esta tradición se mantiene vigente. En distintas calles, personas llenaron globos con agua para arrojarlos, otras utilizaron cubetas e incluso algunas sacaron albercas portátiles para remojarse durante la tarde.

En algunas colonias de Iztapalapa, quienes participaron en la tradición mojaron a personas que pasaban por sus calles, por lo que hubo quienes optaron por rodear las vialidades completas para evitar ser alcanzados.

  • 10 horas de trabajo comunitario es una sanción por desperdiciar agua

Desperdiciar agua es una conducta sancionada en la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México y contribuye a la crisis hídrica de la capital.

El artículo 29 de la Ley de Cultura Cívica establece que “desperdiciar el agua o impedir su acceso en tuberías, tanques o tinacos constituye una infracción contra el entorno urbano” se castiga con arresto de entre 20 y 36 horas o con 10 a 18 horas de trabajo en favor de la comunidad.

El origen de esta práctica podría remontarse a la antigüedad, cuando la Iglesia Católica imponía un luto estricto durante la Semana Santa que impedía a las personas bañarse o cambiarse de ropa por varios días, en señal de respeto por el Viacrucis de Jesús.

Al llegar el sábado, la población solía arrojarse cubetadas de agua como un acto simbólico de purificación para “lavar” sus pecados, una costumbre que con el tiempo derivó en celebraciones populares.

En la actualidad esta práctica también representa un problema urbano, ya que la mayoría de las calles de la ciudad está construida con asfalto no permeable, lo que impide que el agua se infiltre al subsuelo y recargue los acuíferos, de donde proviene buena parte del suministro.