La siesta cubre inmensa, mínima y total a Fina García Marruz. Corretean los muchachos en los acantilados y Fina sonríe en los labios del pez que cauteloso huye del anzuelo y la mascada. / El tiempo se detiene de sus encadenados volteos y Fina deshoja un clavel en la tranquera de la noche. / “Y cuando el tiempo torna impuro un rostro, / una vida que amamos en su hora” se trenza por mordedura salina o adolescencia derramada: Fina ha sido dueña de todos los delirios de la Isla. / Fina ha tocado el rostro murmurante de todas las lloviznas de la Isla. / La palabra llegó a sus ojos misteriosa y ella la hizo huésped en las alforzas de su falda. / Hemos visto cómo “una niña descalza llena su jarro junto a la pila de una fuente pequeña”: 88 años enarbolando un vuelo por los enigmas de la vida.
Carlos Olivares Baró/ 28 de abril, 2011