Resucitan en el Museo de Louvre al San Juan Bautista de Da Vinci

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Foto: larazondemexico

El óleo San Juan Bautista de Leonardo da Vinci ha recuperado su muro en las entrañas del Louvre tras ser sometido a una rigurosa restauración a cargo del Centre de Recherche et de Restauration des Musées de France. Después de diez meses de un minucioso trabajo, el lienzo vuelve a lucir los rizos del cabello de su protagonista, y también aparece a la vista la piel de pantera que cubre su cuerpo y que prácticamente había desaparecido bajo la sombra de los barnices acumulados y envejecidos con el tiempo y que sólo dejaban apreciar las partes

más iluminadas.

No es la primera vez que la pinacoteca acomete un trabajo tan delicado. Al San Juan Bautista le precedieron las restauraciones de La Belle Ferronnièe y, especialmente de La Virgen,el Niño Jesús y Santa Ana, que estuvo envuelta en una fuerte polémica por la diferencia de pareceres entre los miembros de la comisión encargada de velar por el buen desarrollo de la restauración.

En esta ocasión, las labores de restauración de la pintura han sido confiadas a Regina Moreira, que se enfrentaba por primera vez a un Da Vinci, mientras que Patrick Mandron se ha hecho cargo del soporte del óleo, pintado sobre tabla de nogal. Todo ello bajo la atenta mirada de una comisión internacional consultiva creada ad hoc para la ocasión.

La obra tenía superpuestas diecisiete capas de barniz oxidado de un espesor total de unas 100 micras, que Moreira aligeró. Y también ha retirado partes repintadas discordantes, “especialmente en el brazo y el torso, así como el fondo”, según ha indicado el museo.

El tono general de la obra, ejecutada en varios tonos de amarillo y pardo, ha sido obtenido con una paleta de pigmentos muy reducida. Moreira apreció que las capas profundas de la carnación del personaje tienen una tonalidad rosada por la presencia de un poco de bermellón mezclado con blanco de plomo, pero es una capa fina de glaseado ligeramente pigmentado lo que le da el tono final. Además, el empleo de aceite y resinas dan una tonalidad amarilla al conjunto de la obra. En cuanto a las sombras pardas del cuerpo y el fondo sombrío de la escena, están coloreados principalmente con negro de carbón y unos discretos granos rojos o amarillos.

Era necesario ir con cautela a la hora de limpiar. En la mente de todos está todavía el escándalo que supuso la dimisión de dos de los expertos que formaban parte de la comisión internacional que supervisaba la restauración de La Virgen, el Niño y Santa Ana iniciada el 2010 y finalizada en 2012.

Renovación. El San Juan Bautista no había sido restaurado desde hace más de dos siglos. La última limpieza remonta a 1802, poco antes de entrar al museo del Louvre, aunque en los archivos no aparece precisada la naturaleza de la intervención. Desde entonces sólo se había limpiado con regularidad el polvo del cuadro y se había vuelto a barnizar. Con anterioridad, San Juan Bautista había sufrido al menos una restauración. Sufrido, porque en el proceso se habrían eliminado algunas capas superficiales del glaseado endureciendo los contornos de la figura en algunas zonas. Así lo señala en 1639 Abraham Van der Doort, el conservador de la colección del rey Carlos I de Inglaterra, que poseía en aquella época el cuadro: “el brazo y la mano han sido dañados en una limpieza”.

Esta obra de Da Vinci presenta “el punto culminante de su manera sombría y fundida, monocroma y transparente”, como reza el panel explicativo del museo, pero durante estos últimos dos siglos, la acumulación y el envejecimiento del barniz habían llegado a ocultar los rizos y mechas de la larga cabellera del Bautista, mientras que la piel de pantera con que se cubre y la cruz que sostiene con su mano izquierda se habían fundido en la

oscuridad del fondo.

En 1952, cuando los visitantes todavía podían apreciar algunos detalles que con el tiempo habían desaparecido por la oxidación del barniz,se estudió la posibilidad de proceder a una restauración, pero se abandonó la idea hasta 2009, en que se realizó una campaña para reexaminar las obras de Leonardo da Vinci que poseía el museo, y entonces se constató que el San Juan Bautista superaba todos los récords de superposición de barnices, con un espesor de 110 micrones, frente a los 50/60 del Santa Ana.

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