Hilma af Klint la mujer que vio el futuro

Foto: larazondemexico

En Nueva York, EU

A mediados de la década de los sesenta,  Erik, un funcionario naval de la armada sueca, recibió una llamada. Quien le hablaba era un granjero de Ösby, que quería desocupar el almacén que durante los últimos 20 años albergó 1,200 pinturas, 26 mil páginas llenas de notas, 125 cuadernos y al menos 100 textos de su tía. El hombre incluso amenazó con quemar todo, por lo que Erik se apresuró a vaciar ese estudio en el que trabajó Hilma af Klint hasta el día de su muerte, a los 82 años de edad, tras ser arrollada por un tranvía en Estocolmo, en 1944.

Perteneciente a una familia con una gran tradición naval en la historia de Suecia, Hilma af Klint, la única artista del clan, nacida en 1862, estipuló en su testamento que su obra, la cual heredó a su sobrino, tenía que ser mantenida en secreto por al menos 20 años más después de su muerte.

Con tal de cumplir la voluntad de su tía, Erik trasladó toda la obra al ático de su casa, donde estuvo guardada durante varios años más en cajas de madera, debajo de un techo de hojalata, expuesta a temperaturas de hasta 30 centígrados en el verano y -15 en el invierno. Y aunque enseñó el trabajo de la artista a varios museos de Suecia, ninguno mostró interés, pues se trataba de una mujer.

Fue hasta hace 32 años, en 1986, cuando el curador Maurice Tuchman incluyó sus obras en la exhibición De lo espiritual en el arte, en el Museo del condado de Los Ángeles, que el mundo conoció a Hilma af Klint, la mujer que llegó a la abstracción y a experimentar con la escritura y pintura automáticas a principios del siglo XX, al menos cinco años antes de que Kandinsky se atribuyera la creación de la primera obra abstracta.

Af Klint, creyente y practicante de Teosofía, estaba convencida de que el mundo no estaba listo para comprender su propuesta artística, idea que fue alentada por Rudolf Steiner, fundador de ese movimiento, quien le sugirió ocultar sus cuadros por 50 años.

Esto es lo que el público que visita el Museo Guggenheim puede apreciar desde el pasado 12 de octubre y hasta el 23 de abril de 2019 en la exhibición Hilma af Klint: Pinturas para el futuro, que muestra más de 170 trabajos de la artista sueca en su más grande exhibición individual en América.

[caption id="attachment_848539" align="alignleft" width="232"] La estrella de siete picos, No.11908Témpera, gouache, y grafito en papel sobre tela62.5 x 76 cmFundación Hilma af Klint, Estocolmo[/caption]

“El hecho de que jamás mostró su trabajo en toda su vida, a excepción de una exhibición que tuvo en Londres, hizo que su obra abstracta permaneciera prácticamente oculta. Incluso cuando muere, en 1944, el mismo año en que Kandinsky fallece, deja instrucciones para que su trabajo no se muestre a nadie sino hasta 20 años después, ya que pensaba que el mundo no estaba listo para los mensajes que expresaba en sus pinturas”, explicó a La Razón la curadora en jefe y directora de Colecciones del Guggenheim, Tracey Bashkoff.

La experta destacó el carácter histórico que tiene la exhibición, que de acuerdo con la crítica especializada, es una de las más importantes de este año.

Bashkoff indicó que pese a su relativo aislamiento, af Klint era una artista comprometida y en la exhibición en Londres, en 1914, sus paisajes coincidieron con las primeras obras de Kandinsky y las pinturas  de Franz Marc, sin embargo ella ya había hecho experimentos con trabajos no figurativos.

[caption id="attachment_848542" align="alignright" width="222"] Caos primordial, No. 111906-1907Óleo sobre tela51 x 37.5 cmFundación Hilma af Klint, Estocolmo[/caption]

“El trabajo de Hilma af Klint se puede describir como visionario. Por sí mismo, en cuanto a su composición, tamaño y seriedad como proyecto habla de cuál fue su visión y cómo es que ésta siempre se mantuvo a lo largo de su carrera artística. Ella estaba comprometida con expresar ciertos elementos y conceptos con su pintura, y eso fue lo que hizo toda su vida”, apuntó.

“Para ella, la pintura y la espiritualidad eran inseparables. Estaba interesada en transmitir ideas en torno a nuestro mundo y otro mundo posible más allá de éste, acerda de la vida y un camino espiritual. Ella estaba pintando mundos desconocidos”.

Aunque Estocolmo era una ciudad progresista para 1882, año en el que Hilma af Klint ingresó a la Academia Real de Artes como parte de la primera generación de mujeres en esa institución, la sociedad de la época privilegiaba a los hombres.

[caption id="attachment_848540" align="alignleft" width="230"] Caos primordial, No. 51906-1907Óleo sobre tela53 x 37 cmFundación Hilma af Klint, Estocolmo[/caption]

Pero eso no impidió que en 1887, cuando concluyó sus estudios, comenzara a trabajar como ilustradora en revistas de carácter científico, donde tuvo la oportunidad de dibujar figuras orgánicas, microscópicas y entrar en contacto con los avances de la época, tales como los rayos X y otros descubrimientos que fortalecieron sus creencias espiritualistas acerca de fuerzas inmateriales que conviven con la humanidad, comentó.

“El trabajo de los hombres en las escuelas de arte era más valorado que el de las mujeres, pero ella se hizo un lugar en esa comunidad, y también gracias a su involucramiento con la sociedad espiritualista, donde encontró gente afín. Ahí es realmente donde este trabajo innovador floreció”, observó.

El edificio diseñado por Frank Lloyd Wright, ubicado en el 1071 de la Quinta Avenida, es el escenario ideal para exhibir la obra de la artista, que entre 1906 y 1915 trabajó en la serie Pinturas para el Templo, un conjunto de 193 piezas que elaboró para mostrarlas en un edificio en espiral, justo como el Guggenheim.

[caption id="attachment_848545" align="alignright" width="363"] En sus apuntes destacan las instrucciones y el concepto para exhibir sus Pinturas para el Templo en un edificio con una estructura como la del Guggenheim.[/caption]

“Escribió en uno de sus cuadernos cuál era su visión para este templo, e incluso ya tenía en mente dónde podría estar. Imaginó un edificio redondo, de varios pisos, con una escalera en espiral en el centro. La gente andaría ahí  y podría admirar las 193 pinturas que ella elaboró como parte de la serie Pinturas para el Templo”, dijo Bashkoff.

“Es realmente maravilloso que nuestro edificio, que fue comisionado por Hilla Rebay, la artista que ayudó a crear la colección avant garde del Guggenheim, haya sido construido con la visión que ella llamó ‘Un templo para el espíritu’. Es interesante que ellas no se conocían y pensaban en los mismos conceptos, casi al mismo tiempo”.

Con este concepto curatorial, los seis niveles del Guggenheim trazan un diálogo evolucionista en la obra de af Klint.

[caption id="attachment_848541" align="alignleft" width="255"] Hilma af Klint en su estudio en la ciudad de Estocolmo, Suecia, en 1895.[/caption]

La muestra abre con Los 10 Grandes, una serie de pinturas de gran formato creadas en 1907, pintadas en gran parte sobre el piso, en las que af Klint elige como tema el ciclo de la vida.  Los lienzos comienzan con la representación del nacimiento, donde destacan los tonos azul claro, seguidos de pinturas en naranja que simbolizan la infancia.

A éstas se suman cuatro obras en las que la artista recurre al color lavanda para representar la adultez, y finalmente concluir con la senectud, plasmada en dos enormes cuadros en color rosado que termina por convertirse en blanco.

La serie se puede apreciar tanto a un nivel microscópico como macroscópico, pues resulta difícil determinar si se trata de células o de planetas, además de que en ellas incluye referencias a la ciencia, la religión y el folklore sueco.

Al avanzar en la espiral del Guggenheim, en la segunda rampa, está Caos primordial, primer grupo de 20 piezas que elaboró para Pinturas para el Templo.

En esta dominan el azul, amarillo y verde, que de acuerdo con la teoría de color que retomó de Goethe, representan la masculinidad (amarillo), la feminidad (azul) y la perfecta armonía (verde).

[caption id="attachment_848538" align="alignnone" width="696"] Visitantes observan las pinturas en gran formato de la serie Los 10 Grandes, en la primera rampa del recinto. Foto: Javier Chávez, La Razón[/caption]

La serie comienza con un enorme círculo que representa la energía, que se rompe y se transforma en figuras y elementos que recuerdan organismos microscópicos.

Pinturas para el futuro representa una oportunidad para conocer el trabajo que la artista sueca elaboró entre 1906  y 1920, cuando produjo pinturas abstractas y tremendamente imaginativas, que invitan a revalidar el modernismo y reclama el lugar que la pintora merece en la historia del arte.


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