MUAC inaugura exposiciones

Néstor Jiménez recrea la epopeya del hombre común

El artista abrirá en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo la muestra Uno entre millones el 7 de febrero; incluye seis obras en gran formato

La yunta, obra de 2025.
La yunta, obra de 2025. Foto: Néstor Jiménez

El Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) abrirá a partir del próximo 7 de febrero la exposición Uno entre millones, del artista Néstor Jiménez (Ciudad de México, 1988), conformada por seis obras en gran formato que delinean “la epopeya del hombre común”. Educación, trabajo, vivienda, alimentación, muerte y memoria. Son los seis conceptos que articulan esta muestra que incluye pintura de caballete, collage, escultura en cerámica, escultura cinética y pintura mural, artes en las que el también pintor utiliza materiales asociados a clases sociales diversas para cuestionar el sistema capitalista y su impacto en la vida cotidiana.

  • El Dato: La exposición, curada por Lucía Sanromán, estará en exhibición en la Sala 3 del MUAC del 7 de febrero al 3 de julio. Destacan grandes esculturas y un mural.

Entre esas piezas está el collage Uno entre millones, que consiste en seis módulos con 300 siluetas de trabajadores informales hechos con recortes de avisos oportunos de periódicos. Inspirado en una técnica de trabajo del danés Hans Christian Andersen, autor de El patito feo, Jiménez se planteó representar aquí un “gran cuento social”: “Cada personaje representa un trabajador informal en la sociedad mexicana y el rol que desempeña. Hay comerciantes, lavacoches, vendedores de algodones de azúcar, de globos; payasos callejeros. Todas esas actividades laborales que el hombre común desempeña en su día a día cuando está fuera de lo que se entiende como profesionalización académica”, cuenta el artista en entrevista con La Razón.

Cada una de estas figuras arroja información sobre México mismo y las condiciones laborales actuales: “Los anuncios que se leen cuando te acercas a los personajes, muchas veces se refieren a trabajos muy precarizados”, detalla.

Retrato mortuorio del padre del artista.
Retrato mortuorio del padre del artista. ı Foto: Néstor Jiménez

El artista explica que al elaborar el collage se propuso seguir el ritual de alguien en busca de empleo: “Levantarse temprano, ir por el periódico, recortar un número determinado de personajes al día para cumplir una meta. Muchas veces el periódico ya no ofrecía la cantidad suficiente de anuncios y fue impactante porque era como una cadena de desempleo, una extensión de la falta de trabajo en el país que, a su vez, impedía que yo pudiera realizar el mío”.

Uno entre millones es parte de las exposiciones que el MUAC comisiona, desde 2024, a artistas jóvenes cuyas obras ofrecen “una mirada que critica estructuras sociales que perpetúan la inequidad y posiciones hegemónicas”. La de Jiménez se caracteriza por abordar temas sociales, políticos y de memoria histórica, pero también destaca por el uso de materiales reciclados y de construcción, como el cemento.

“La idea de usar estos materiales está relacionado con mi propia experiencia. Yo conocí el uso y manejo del concreto mucho antes que el óleo. Pertenezco a una familia común de la clase trabajadora, donde muchas de las reparaciones que se tenían que hacer en casa se hacían entre familia. Llegué a ayudar a mi padre con repellajes, reparaciones de grietas, incluso pequeñas construcciones, como bodeguitas. Para mí, la presencia de esos materiales estaba mucho antes de entender un material fine arts”, comparte el artista egresado de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”.

Robot o escultura cinética hecha con madera recuperada.
Robot o escultura cinética hecha con madera recuperada. ı Foto: Néstor Jiménez

Para esta muestra, Jiménez creó dos piezas en las que la materialidad está claramente asociada a la clase social. Una de ellas es el mural La yunta, de seis metros por dos; hecho con concreto, grava, óleo y dos metales pesados y dañinos: cadmio y cobalto. “El mural representa a dos bestias de carga unidas por una yunta y es un señalamiento irónico a la división entre el trabajo intelectual y el físico. Tiene que ver con los planteamientos de la educación, que puede ser emancipatoria y, al mismo tiempo, opresiva; cómo el trabajo intelectual utiliza al trabajo físico como un peyorativo de la falta de esfuerzo y de capacidades”, explica.

Otra de esas obras es un retrato mortuorio de su padre, un carpintero que al fallecer tenía todavía las manos manchadas del barniz que usaba en los muebles. “Está hecho sobre madera de pino, que es con la que se hacen los ataúdes para las personas comunes; pintado con tres pigmentos: blanco de plomo, lapislázuli y bermellón, colores asociados a la realeza o a los próceres”, detalla.

El retrato se refiere al núcleo de Memoria y se convierte en un “símbolo de un hombre común de clase trabajadora” cuya historia es similar a la de millones de personas en este país: “Una de sus últimas actividades antes de enfermar era barnizar muebles y este retrato de él habla mucho de cómo vamos llevando nuestras vidas en un sistema en el que trabajas hasta el último momento en el que puedes estar lúcido y de pie. Se presenta la muerte y no da tiempo ni siquiera de lavarse las manos”.