“En los óleos de Enrique Guzmán los sucesos extraños si se descifran pierden razón de ser”, escribió el periodista Carlos Monsiváis sobre la obra del pintor mexicano, figura central de una exposición conmemorativa en el Museo del Estanquillo que revisa su legado a 40 años de su abrupto fallecimiento y busca reivindicar su lugar en la historia del arte nacional.
El trazo limpio de Enrique Guzmán tiene como eje una serie de 16 dibujos autobiográficos realizados en 1976, en el que el artista se autorrepresenta por medio de su mano izquierda sosteniendo diversos objetos cargados de simbolismo. Estas obras, de carácter no académico y abiertas a múltiples interpretaciones, no se exhibían en un recinto museístico hace quince años.

- El Dato: Guzmán estudió en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura La Esmeralda, donde llevó una “vida bohemia” y manifestó su homosexualidad.
“Es un artista que, a pesar de sus importantes contribuciones, permanece relegado y un tanto olvidado. Ésta es una exposición conmemorativa a 40 años de su fallecimiento y uno de sus objetivos principales es superar esa mirada psicologizante que ha permeado mucho la lectura de su trabajo”, explicó Uriel Vides, historiador y parte del equipo curatorial, durante un recorrido por la muestra.
Considerado como un pionero del “nuevo mexicanismo”, el arte de Enrique Guzmán tuvo una postura antioficialista, que manifestó a través de la descontextualización de los símbolos nacionales en un afán por resignificarlos.
“Una de sus principales aportaciones para el arte mexicano de finales del siglo XX es la subversión que realiza a ciertas ideas de carácter normativo, este trabajo que hace con los símbolos nacionalistas, con símbolos religiosos. Él estaba muy interesado en subvertir estos símbolos y se vuelve una inspiración para los artistas de la llamada corriente neomexicanista”, detalló Uriel Vides.
El “nuevo mexicanismo” fue un movimiento que se interesó por una revalorización de la identidad nacional y sus tradiciones a través de un arte disruptivo. Surgido en la década de los ochenta, se apropió de diversos elementos de la iconografía histórica de México para crear obras de arte desafiantes.
Asimismo, el trabajo del pintor, prolífico y difícil de clasificar, ha sido vinculado con el surrealismo y con figuras como René Magritte, además de dialogar con creadores mexicanos como Javier Esqueda. Su obra explora temas como la identidad, el cuerpo y la tensión entre lo cotidiano y lo simbólico.
Los dibujos, que forman parte de una estrategia deliberada de distanciamiento con respecto a los cánones tradicionales del autorretrato, remiten a un repertorio iconográfico particular: un frasco de vidrio sin tapa, una canica y, especialmente, una cuchilla de afeitar.
“Él hace mucha referencia a la navaja y es claro que Guzmán estaba fascinado por ese objeto, quizá le llamaba mucho la atención lo estilizado, lo fino que eran y la carga de simbolismo. Uno lo puede interpretar como que siempre está presente la amenaza de la muerte”, explicó.
En ese sentido, la exposición también incluye un dibujo lleno de “máscaras” con una peculiar similitud a un tzompantli prehispánico y dos óleos del artista, uno de ellos titulado Adiós, y que presenta una composición austera de nubes que podría hacer referencia a su repentina muerte por suicidio en 1986.
El virtuosísmo técnico de Enrique Guzmán, producto de una colaboración con el promotor cultural y galerista Armando Colina, se puede visitar en la sala 3 del Museo del Estanquillo y es la exposición que inaugura los festejos por el vigésimo aniversario del recinto, fundado en noviembre de 2006.


