“HOY PENSÉ mucho en ti. Mis pensamientos estaban en una tonalidad azul. En la tonalidad de la melancolía. Esa que aparece junto con las lágrimas que nunca logran resbalar.”
Este pequeño extracto de un diario de Rafael Cauduro, leído por el galerista Pablo Goebel a La Razón refleja una expresividad poética contenida, casi doliente, en diálogo con las obras del artista que forman parte de una muestra que rinde homenaje a la profundidad emocional y al rigor intelectual del creador mexicano.
- EL Dato: La exposición se puede ver en Hipólito Taine 212 de martes a jueves de 10:00 a 18:00 horas. Las visitas se realizan con cita.
Aquí está Cauduro, abierta al público a partir de hoy y hasta el 16 de mayo en la Galería Pablo Goebel Fine Arts, presenta una selección de 65 piezas provenientes del estudio del artista —algunas que por primera vez salen al encuentro del público— y otras procedentes de colecciones privadas.
La exhibición propone acercarse al creador a través de sus piezas que funcionan como un mapa de las fisuras de la condición humana, con guiños a sus obsesiones y sus distintas etapas creativas de su trayectoria.
Entre las obras destacan los dibujos preparatorios para el mural Un clamor por la justicia. Siete crímenes mayores que realizó en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, piezas de gran formato que confirman su maestría técnica, bocetos preparatorios de estas piezas y caricaturas nunca antes mostradas.
Su aproximación al hiperrealismo, convertida en su sello distintivo, nunca fue un fin en sí mismo, en opinión del fundador de la galería, Pablo Goebel.
“El hiperrealismo como definición de arte sería lograr una fotografía, o lo más cercano a ella, y normalmente son temas muy cotidianos. Más bien Cauduro lo que hacía era observar el detalle, él tenía una capacidad impresionante para construir imágenes con intensidad visual y usar los elementos y los materiales en escenas que nunca pudieron haber sucedido”, explicó.
En sus escenas, lo cotidiano puede volverse perturbador y la pintura se vuelve un espacio de interrogación. “Cauduro también era irreverente en su calidad y habilidad en el dibujo, y luego, con el desarrollo de los materiales y sus creaciones con ese desarrollo, le permite engrandecer su irreverencia”, añadió Pablo Goebel en un recorrido por la exposición.
Esa irreverencia también se manifiesta en la incorporación de elementos profundamente mexicanos, como el tzompantli, reinterpretado con un giro humorístico, pues el artista no retrata su propio cráneo, aunque sí coloca su nombre, dejando una marca lúdica y crítica.
Entre las piezas se encuentra además Baño con ojitos, su última pintura inacabada. “La idea de esta exposición es que tú te cuestiones frente a la obra, porque sus pinturas no buscan tranquilizar al espectador, buscan interpelarlo. Si uno sale de esta exposición con preguntas incómodas, entonces lo logramos”, dijo Danielle Goebel, directora de la galería.