La música se siente y se goza. Así lo demostró ayer la directora mexicana Alondra de la Parra, quien al final del concierto con la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) en el Palacio de Bellas Artes, rompió la solemnidad ante un público que le aplaudía entusiasmado y pedía más piezas. Puso a votación quién quería que interpretara Danzón No. 2, de Arturo Márquez, y quién deseaba disfrutar de Huapango, de José Pablo Moncayo. No hubo consenso y los presentes gritaron: “Las dos, las dos”.
Alondra Parra concedió las peticiones y la orquesta comenzaba a ejecutar Danzón No. 2, cuando paró la música y dijo: “Se me ocurre una mejor idea” y puso a los asistentes a marcar algunos compases con sus palmas y un pie. Ya satisfecha con el resultado, comenzó la interpretación. Entusiasmada, dirigía a los músicos y, a llegar el turno del público, se volteó hacia éste para acompañarlo. Todos en el recinto la siguieron emocionados y no paraban de sonreír.
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Cuando llegó el turno de Huapango, también dio indicaciones para marcar algunos compases con sus manos y piernas. Implicaba un grado más de dificultad que la anterior pieza, por lo que no se logró seguir el tempo a la primera, pero al final se pudo y Alondra de la Parra dijo: “No saben lo que he pasado al intentar esto en otros países”. Aquí estaba en casa, México, y el público puso su corazón y emociones en esta ejecución.
Al final de ambas piezas, los presentes agradecieron el gesto con una ovación de pie para la directora ante un Palacio de Bellas Artes repleto; se pararon desde las primeras filas hasta las últimas de arriba. Alondra de la Parra vio materializada su consolidación y crecimiento profesional.
El concierto resultó emblemático también, porque fue batuta huésped de la Orquesta Sinfónica Nacional, que hace 21 años dirigió por primera vez. Desde que apareció en el escenario de la Sala Principal del Palacio de Mármol fue recibida con efusivos aplausos.
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El recital comenzó con Preludio a la siesta de un fauno, de Claude Debussy, que inició con el sonido de las flautas y el suave y delicado movimiento de manos de la reconocida directora. Luego se fueron sumando otros instrumentos, entre estos el arpa y los violines.
Posteriormente, siguió Concierto para piano en Sol mayor, de Maurice Ravel, acompañada del también célebre pianista Thomas Enhco, como solista. Durante la interpretación de la pieza, caracterizada por su energía lúdica, se apreciaron los rápidos movimientos de los dedos del ejecutante y la energía de Alondra de la Parra, pero también se dio paso a la calma.
Ambos recibieron aplausos de un público emocionado y Thomas Enh-co externó que lo vivido era “surrealista”. Para agradecer a los asistentes, tocó una pieza solo.
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El programa finalizó con Romeo y Julieta, de Sergei Prokofiev, que comenzó con una música lenta y amenazante, por lo que había momentos en los que Alondra de la Parra alzaba su mano izquierda, como conteniendo la furia de las familias enfrentadas en la historia de Shakespeare.
La directora mostró su versatilidad con movimientos suaves o extendiendo las manos; y luego dando paso a la pasión, la quietud, los estallidos de éxtasis o la quietud. Al final logró que los asistentes se conmocionaran.
Fue una tarde inolvidable en la que la directora de orquesta mexicana demostró que la música clásica está más viva que nunca.