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Lydia Cacho: México ha renacido de las cenizas que han recogido las mujeres

EN UN HALCÓN bajo mi ventana, reivindica a aquellas que lucharon durante el movimiento del 68; dice que hubo “una traición de la izquierda”

LA PERIODISTA y escritora Lydia Cacho, ayer, tras la entrevista.
LA PERIODISTA y escritora Lydia Cacho, ayer, tras la entrevista. Foto: David Patricio | La Razón

Durante 10 años, la periodista y escritora Lydia Cacho investigó la presencia de las mujeres en el movimiento estudiantil del 68 y sus años posteriores. Sin poder hacer el documental que planeaba, ya que faltaban muchas piezas para armar ese rompecabezas, la información quedó guardada y fue hasta que concibió Un halcón bajo mi ventana (Lumen, 2026) que pudo mencionarlas, resaltar su labor y cuestionar la falta de autocrítica de los hombres. Todo desde la ficción y la mirada de Julieta, una adolescente que, al tiempo que descubre su conciencia política, vive su despertar sexual, el amor, el deseo y qué significa ser dueña de su cuerpo. En entrevista con La Razón, la autora comparte que esta obra es un parteaguas, pues luego de siete años en el exilio ha podido volver a México.

La novela tiene como contexto el 68, una herida abierta. Efectivamente, no solamente el 68 en sí mismo, sino del 68 al 78, esa década en particular, que fue la verdadera transición hacia la democracia, fomentada por la sociedad civil organizada, por el estudiantado de todo el país, por las y los mineros, por las mujeres de los diferentes entornos indígenas mexicanos, por las afromexicanas. Crearon un movimiento que no sólo está subestimado, sino que es muy desconocido para una gran cantidad de personas en México, pero, por otro lado, también es una herida abierta.

Hay algo muy mágico en esa década, que tiene que ver con todos los avances culturales, la libertad de las mujeres. Me interesaba explorarla, porque fueron borradas intencionalmente por todos estos héroes de la épica del 68; es hacer un poco de autocrítica a la izquierda a la cual pertenezco, que terminó contando su propia historia.

¿Por qué plasmar sus historias desde la ficción? Había que contarlo de una manera en que la gente pudiera relacionarse con ellos, que no se perdiese en toda esta explosión de la narración del drama y de la tragedia nacional de la delincuencia organizada y la violencia de Estado. Muchos de los nombres son ficticios; el contexto y los nombres de las organizaciones que menciono son reales, existían, ellas eran las precursoras.

Julieta se imagina un país en el que ya no necesitará manifestarse con sus amigas. Hoy vemos jóvenes con pancartas por situaciones muy complejas… Pensábamos eso, que las cosas iban a cambiar radicalmente, que no se iban a atrever a seguir desapareciendo a las mujeres. Lo que nadie se imaginó es que la delincuencia organizada iba a formar parte del entramado político y ellos iban a ser los encargados de desaparecer a las jóvenes. Es, por un lado, doloroso, pero, por otro, emocionante; cada vez tenemos a más mujeres jóvenes conscientes de la realidad política.

Hay un cuestionamiento a los escritores, a los líderes sociales, a las paternidades, ¿cree que les sigue haciendo falta una autocrítica? Absolutamente. Muchos de estos hombres, que son como los dueños de la épica del 68, han sido mis amigos, han sido

prácticamente cero autocríticos, incluso el propio Carlos Monsiváis. Él mencionaba a Elena Poniatowska, a dos o tres mujeres y ya con eso cumplía con su cuota. Y había tantas mujeres como hombres en el movimiento del 68. Sí hay una gran traición de la izquierda.

Hubo quienes trabajaron como espías. Eso sucedió y tuve que inventármelo, porque nadie lo documentó. Las mujeres que estaban haciéndolo no tenían tiempo; las otras, las de las etnias originarias estaban siendo perseguidas por el Ejército en todo México. Para mí era importante que aparecieran en la novela, porque hay algo de reivindicación de este país que ha renacido de las cenizas que han recogido las mujeres, que hemos recogido y que siguen recogiendo; las madres buscadoras son un ejemplo.

Menciona a Claudia Sheinbaum de niña. ¿Cómo ve a quienes en el 68 lucharon y ahora están en puestos de poder? Creo que el libro también va de eso, de dejar una pregunta sobre la mesa para quien quiera asumirla. En la adolescencia, casi todas y todos descubrimos que tenemos un sueño, una aspiración increíble, que no tiene que ver con ser bombero ni una profesión, sino con algo mucho más grande, con nuestra presencia en el mundo. Y la pregunta es: ¿y qué hiciste tú con esos sueños? Es una pregunta que hay que hacerle a Claudia y a muchos otros. Algunos eran mis amigos de la izquierda y ahora están viviendo del erario. Eran los más críticos de cómo todos los intelectuales sistémicos vivían del PRI y ellos viven de Morena.

A Julieta se le rompe el espejo de la ilusión el 2 de octubre. En su caso, ¿en qué momento se le ha quebrado ese espejo? Ha habido una gran cantidad de momentos en los que pienso que ya debería parar, dejar de hacer esto; es durísimo, estoy deprimida, estoy triste, estoy angustiada, no sirve de nada mi trabajo. Muchas veces en mi vida lo he sentido a lo largo de 30 años, porque los primeros cinco fueron de ilusión y ya en los siguientes, conforme comencé a recibir amenazas, la complejidad del trabajo periodístico me llevó a preguntarme si valía la pena, si era útil. Ahora, en el exilio, muchísimas veces he pensado eso: ¿ha valido la pena? No mi trabajo, estoy segura que sí, pero me pregunto si debería seguir con estos temas o si ya puedo y tengo derecho a cambiar.

ME INTERESABA explorar esa época en particular, porque fueron borradas intencionalmente por todos estos héroes de la épica del 68. Es hacer un poco de autocrítica a la izquierda a la cual pertenezco, que terminó contando su propia historia
LYDIA CACHO Periodista y escritora
  • Un halcón bajo mi ventana
  • Autora: Lydia Cacho
  • Género: Novela
  • Editorial: Lumen
  • Año: 2026

¿En qué momento está? Esto es un parteaguas en mi vida, porque llevo siete años soñando todos los días que vuelvo a México por una u otra razón. Mi papá estaba muy grave en el hospital y yo todos los días quería volver, lloraba antes de irme a la cama pensando me quiero regresar, tengo que estar con mi familia; ha sido durísimo, porque no es un exilio voluntario. Es una expulsión en la violencia de Estado, política y criminal. Perdí todo en México y me tuve que ir con lo que llevaba. Ahora estoy aquí; acabo de ver a mis hermanos, a gente que adoro y que hace muchísimos años no veía. Estoy en un momento de éxtasis, en una escapada temporal de mi realidad. Es casi mágico, pero también sé que el sábado vuelvo a España y mi mundo se queda aquí.


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