Premio Carlos Fuentes

Juan Villoro: En México tenemos una sociedad rota

El escritor habla con La Razón de lo que lo une con el autor de Aura y sus preocupaciones actuales sobre México; también comparte lo que conserva de su niñez 

eL ESCRITOR durante un curso en 2025, en El Colegio Nacional.
eL ESCRITOR durante un curso en 2025, en El Colegio Nacional. Foto: Cuartoscuro

En Monterrey, Nuevo León

El escritor Juan Villoro convoca a infantes y niños en la Feria Internacional del Libro de Monterrey a unos días de recibir el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español. Presentó el libro El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, con traducción de su padre, Luis Villoro. En entrevista con La Razón comparte que en su discurso de entrega, el próximo miércoles en el Palacio de Bellas Artes, destacará a aquellas comunidades de México que nos permiten imaginar mundos posibles, principalmente desde el zapatismo. Considera que este tipo de ejemplos son los que mantienen el tejido social que en el país está roto.

Se detiene en su infancia con el padre contándole sobre guerras y la Odisea, cuando hubiera preferido que le leyera El Principito, libro que lo une de nuevo con él ahora que El Colegio Nacional publicó la traducción que hizo y que incluso él desconocía. Dice que conserva mucho de su niñez y eso se refleja en su obra.

  • El Dato: El jurado del premio estuvo integrado por el dramaturgo Flavio González Mello, la poeta Myriam Moscona y la escritora Mónica Nepote, entre otros.

Escribir el prólogo para la traducción que hizo su papá para El Principito, ¿de qué manera lo reconectó con él? El libro fue una gratísima sorpresa, porque no sabía que mi padre lo había traducido. Nunca nos lo leyó de niños, no dijo nada al respecto, pero Adolfo Castañón encontró la traducción que hizo para el periódico Novedades. Me conmovió, porque fue un reencuentro con mi padre.

A mí me hubiera gustado que él me contara este cuento cuando yo era niño, eso no sucedió, pero ahora, a través del tiempo, recibo sus palabras como si él me las estuviera contando.

¿Qué le gusta de un autor como Antoine de Saint-Exupéry? Es un escritor apasionante, porque fue un gran aventurero. Siempre pensó en recuperar lo más valioso que tiene la infancia, porque estaba convencido de que el talento humano, la creatividad y la imaginación dependen de lo que conservamos de niños. El secreto del arte es no olvidar al niño que fuiste.

No me extraña que lo haya traducido mi padre, que era filósofo, porque la gran literatura infantil está llena de ideas que calan muy hondo.

¿Qué conserva de su niñez? Me gustaría pensar que casi todos mis rasgos de carácter tienen algo que ver con el mundo infantil. A mí me gusta mucho escribir de futbol, porque se trata, como dijo Javier Marías, de la recuperación semanal de la infancia. Cuando juega tu equipo, vuelves a ser niño y te ilusionas de una manera muy especial. He tratado de mantener los sueños infantiles dentro de mí.

Me gusta mucho escribir para niños. Tengo un público mucho más amplio entre los niños que en los adultos, lo cual me da mucho gusto. A lo mejor esto revela que mi edad intelectual es como de 12 años y estoy muy contento, porque los niños son exigentes.

No le leyó su papá este libro, ¿pero solía contarle relatos de niño? No, nunca. Era un profesor universitario que se interesaba mucho en temas más abstractos. Tenía una gran cultura y cuando le pedía que me contara un cuento, era de algún suceso histórico, de las Guerras Púnicas o la Odisea. Ese tipo de literatura clásica que él había leído, pero no tenía idea de quién era Pinocho.

Obtiene el premio que lleva el nombre de Carlos Fuentes, un autor que se interesó por lo urbano, por la ciudad, que han sido también sus temas recurrentes… Lo que dices es muy cierto. Yo nací en 1956 y él publicó La región más transparente dos años después. De modo que soy contemporáneo de la novela que convirtió a la Ciudad de México en personaje principal de la trama.

Me ha parecido una obra insoslayable y, cuando escribí El vértigo horizontal, estuve sosteniendo un diálogo a la distancia con Carlos Fuentes.

Tuve la suerte de conocerlo, de tratarlo bastante. Siempre fue una gente muy vital, muy cargada de energía, muy arriesgada, lo cual me parece un modelo interesante. Muchos escritores, cuando encuentran una fórmula, la repiten, y él tiene novelas muy experimentales, distintas unas de otras. Eso también es una invitación al riesgo que me ha parecido muy sugerente.

¿Usted arriesga en su escritura? No tanto como Fuentes, porque él fue un escritor que asumió riesgos muy formales, extremos en novelas, como Cambio de piel o Cristóbal Nonato. Yo no soy un autor que haga estos ejercicios casi de laboratorio lingüístico.

Admiro a los que lo hacen, pero a mí me interesa la claridad. Estoy convencido de que no hay nada más complejo que ser claro, porque no se trata simplemente de ser sencillo, sino de ser comprensible, pero que eso represente un enigma, que eso haga pensar. Entiendes todo, pero eso es misterioso.

Carlos Fuentes tuvo una preocupación por la política y lo social. ¿A usted qué le inquieta del México actual? Tenemos una sociedad rota; el crimen organizado sigue muy activo y destruye el tejido social.

Hay desigualdad, supermillonarios y, al mismo tiempo, personas muy desfavorecidas. Continúa la discriminación de género y por el color de la piel, lo cual es absurdo en un país que debería considerarse multicultural. Muchos de los mexicanos han tenido que emigrar a Estados Unidos para encontrar mejores formas de vida. Es un momento muy complicado.

Al mismo tiempo, los movimientos políticos de ultraderecha están triunfando en América Latina. Me parece que vivimos un país de excepción literalmente, porque somos uno de los pocos que tiene ideas socialdemócratas y que mantienen un equilibrio entre justicia y libertad, que se está perdiendo en muchos otros países de la región, donde crecen los fanatismos y la intolerancia.

En esta visita de Carrère a México, el escritor ha hablado de las manifestaciones en Francia, ve desesperanza en los jóvenes. ¿En nuestro país ve un panorama similar? Hay un gran descontento sin utopía. En ese sentido, coincido con Carrère, no sólo para el caso de Europa, sino para América Latina.

Muchos jóvenes son apolíticos; la mayoría de ellos se muestran muy decepcionados de todo el sistema. Hay una actitud crítica radical, pero que no tiene una esperanza de construcción de una realidad alterna. Es una radicalidad desencantada. Es una situación dramática, porque una de las peores cosas que le puede pasar a una sociedad es perder las expectativas.

En los años 60 y 70 vivimos eso.Pensábamos que la construcción de una izquierda democrática, al menos era lo que yo creía, iba a tener resultados muy positivos para la ciencia, la salud, la cultura y la educación. Y hemos visto que todos estos temas han sido los más rezagados por gobiernos.

Otros Ganadores

Es la undécima persona en ser reconocida con el galardón.

  1. Mario Vargas Llosa (2012)
  2. Sergio Ramírez (2014)
  3. Eduardo Lizalde (2016)
  4. Luis Goytisolo (2018)
  5. Luisa Valenzuela (2019)
  6. Diamela Eltit (2020)
  7. Margo Glantz (2022)
  8. Elena Poniatowska (2023)
  9. Luis García Montero (2024)

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