Resisten al cierre de teatros

Artistas sobreviven al COVID con venta de productos y como repartidores en Uber Eats

Actores, bailarinas y maestras cuentan a La Razón que se han convertido en “milusos”; comercializan semillas, elaboran libretas y hasta ofrecen terapias de medicina alternativa

Tania Sánchez artistas escénicos
La bailarina y docente Tania Sánchez, con una de sus alumnas (izq.) y como repartidora de Uber Eats (der.)Cortesía: Tania Sánchez
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José Juan Sánchez cambió los ensayos, memorizar libretos y la actuación por la venta de nueces, arándanos y almendras. Administra y cuando es necesario toma su bicicleta y acude a los puntos de entrega, es su manera de resistir a 10 meses de pandemia en México, la cual trajo consigo el cierre de los teatros.

Había arrancado 2020 de maravilla: su compañía Festín Efímero tuvo una temporada de dos meses con "La escuela del dolor humano de Sechuán". Además, estaba preparando "Flores negras del destino nos apartan", que iba a estrenar en julio; pero, todo se canceló.

“Ante la adversidad, los creadores tenemos la capacidad de reinventarnos y encontrar soluciones, y he visto a la comunidad sacar las garras. No obstante, siempre estamos en la precariedad y somos uno de los sectores más afectados por la pandemia: tengo compañeros que han tenido que vender sus casas y compañías que se han disuelto… los estragos son brutales”, lamentó, en entrevista con La Razón.

Montaje de “La escuela del dolor humano de Sechuán”, de José Juan Sánchez, la cual tuvo una corta temporada en el Teatro Santa Catarina de la UNAM.Cortesía: José Juan Sánchez

José Juan Sánchez, quien estima pérdidas por 200 mil pesos, es uno de los creadores que ha tenido que dejar su labor artística para sobrevivir con actividades que van desde la venta de comida y orgonitas, hasta emplearse como repartidores de Uber Eats.

El gremio ha sido uno de los más golpeados por la pandemia; si bien, hasta el momento no hay un registro completo de las afectaciones, en mayo pasado, Cultura UNAM, en el estudio "Para conocer el impacto del Covid-19 en las personas que trabajan en el sector cultural en México, revelaba que por la crisis sanitaria", 23.5 por ciento de los artistas encuestados había registrado pérdidas de 91 a 100 por ciento; 53 por ciento trabajaba como freelancer; y 51.2 por ciento se quedó sin ahorros.

Aunque a José Juan y sus colegas les entusiasma que su empresa de venta de semillas Gud Monchis les permita tener un ingreso más o menos estable, esperan que las condiciones les permitan volver a los escenarios.

COMERCIALIZA COMIDA Y HASTA LIBRETAS

Otra actriz que ha recurrido a maneras alternas para obtener recursos es Ari Albarrán, quien es parte del elenco de "La obra que sale mal" y ahora se ha convertido en una especie de “milusos”, pues ha vendido desde chiles rellenos, hasta libretas y se ha dedicado a la creación de guiones.

Tras sobrevivir tres meses con sus ahorros y dejar el departamento que rentaba, emprendió junto a su novio, Juan Carlos Medellín (también histrión) un negocio de venta de chiles rellenos; pero, las ganancias no fueron como esperaban.

Si bien, obtuvo apoyo del programa Créditos a la Palabra del Gobierno federal, por 25 mil pesos, no fue suficiente y junto a su madre, también desempleada, se dedicó a elaborar libretas artesanales, lo cual le permitió obtener dinero de octubre a diciembre.

La oferta decayó a fin de año y actualmente ese negocio “ya está prácticamente abajo”, por lo que ahora, trabaja, al igual que su novio, en la creación de guiones televisivos del programa “Aprende en casa” de la SEP. “Estamos de lunes a domingo revisando los guiones y enviándolos de regreso y se nos paga a la quincena; es algo más fijo, pero igual sólo es un proyecto de tres meses”, apuntó.

Ari Albarrán reconoció que fuera de los escenarios, las oportunidades laborales para el gremio son limitadas, y aunque uno siempre encuentra algo para sobrevivir, “estamos en desventaja frente a las demás personas”; por ejemplo, de acuerdo al estudio de Cultura UNAM, 46.4 por ciento de los artistas vio su productividad creativa disminuida.

Una escena de "La obra que sale mal", en la que actúa Ari Albarrán.Especial

DE BAILARINA A VENDEDORA DE ORGONITAS

Erika Méndez es otra artista que se vio obligada a dejar los salones de danza, memorizar o crear nuevas coreografías, para dedicarse a vender hamburguesas veganas los primeros cuatro meses de la pandemia; pero como no le fue bien en el negocio, con sus últimos 500 pesos compró material para hacer orgonitas, las cuales ahora comercializa y son su principal sustento.

Se empezó a correr la voz, personas de las más escépticas me dijeron que les quitaron la ansiedad, el insomnio y que se sentían de maravilla”, aseguró.

Con este negocio y el de cobijas orgónicas, además de solventar sus gastos, genera recursos para la producción de su montaje "La Matriz", previsto para presentarse en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris en los próximos meses.

La bailarina y coreógrafa Erika Méndez (primera al frente), durante un ensayo de "La matriz".Cortesía Erika Méndez / Emmanuel Adamez

SANAR LA PSIQUE.

 Por su parte, la actriz Elsy Jiménez; si bien, al inicio de la crisis sanitaria pudo vivir con lo que le pagaron de sus actuaciones en Millesime GNP y lo que tenía guardado de la venta de su carro, ahora se dedica a ofrecer sesiones de Thetahealing, una terapia que “se usa mucho para curar fobias y traumas”.

Las terapias no son lo único que hace, también imparte clases online de tap y clases de español a extranjeros: “Soy maestra certificada por el Instituto Cervantes, trabajo para una compañía alemana; la única desventaja de eso es que los horarios son extraños porque son para gente de Europa y Japón”, abundó.

Asimismo, vende productos Nikken por catálogo y ha tenido la fortuna de que durante el confinamiento le han salido tres trabajos actorales: dos comerciales y una producción de Televisa.

EN RIESGO, POR TAN POCO.

Aunque la mayor parte de los artistas ha tenido historias de éxito con sus nuevos emprendimientos, no ha sido así para Tania Sánchez, quien cuando su academia de ballet en Morelia tuvo que cerrar, colgó las zapatillas para tomar su moto y convertirse en repartidora de Uber Eats, labor en la cual sufrió un accidente, la atropellaron.

“El accidente fue con una chica que apenas estaba aprendiendo a manejar, me pegó y salí volando; sí estuvo fuerte, pero no pasó a mayores y ella pagó los daños. Se hizo responsable, no como Uber, que no te respalda en nada”, denunció.

La bailarina y docente Tania Sánchez con sus alumnas.Cortesía: Tania Sánchez

Dedicaba ocho horas al día como repartidora y en un día bueno sacaba hasta 800 pesos, pero había otros en los que sólo le tocaba un pedido. “Esos seis meses tuve una gotita constante de ingresos, los cuales no representaban ni 30 por ciento de lo que obtenía en la academia, pero afortunadamente había comida en la mesa para mis dos hijos”, detalló.

Con el paso del tiempo, más repartidores se fueron dando de alta, lo cual hizo que los pedidos escasearan; por ello optó por hacer también mandados. 

Tania Sánchez pudo regresar a dar clases desde septiembre, incluso ofreció una gala navideña; sin embargo, en enero pasó de 70 alumnas a 10, pues los padres temen llevarlas a actividades presenciales, sumado a la falta de dinero.

Dejan de obtener recursos.Fuente: Cultura UNAM

“Ahorita ya estoy totalmente volcada a mi escuela, pero en enero están muy temerosos los papás porque los hospitales ya se saturaron; empecé a dar clases virtuales, pero son muy pocas las asistencias, la gente prefiere ver canales gratuitos en YouTube que pagar plataformas”, lamentó la docente.

ACADEMIAS EN EL LIMBO

Las bailarinas y docentes Guillermina Neri y Gisela Rivera, ambas de la CDMX también se vieron obligadas a cerrar sus academias de baile: Noches en la pista y el Ballet Folklórico Huitzitzilin, respectivamente. 

“La academia estaba funcionando bastante bien, además daba clases en un colegio privado, pero la pandemia llegó y mi espacio cerró, la otra escuela quebró… y quedé desempleada”, compartió Guillermina, cuyo espacio está en la colonia Pantitlán.

Y aunque ofreció clases virtuales un par de meses con éxito, a partir de junio su matrícula fue desertando pues sus alumnos se quedaron sin dinero, “ y eso que nos fuimos a mitad de precio. Las sigo dando pero ya solo a 12 chicos, cuando tenía 70... es muy poco”, dijo.

Desde la Jornada de Sana Distancia, en marzo de 2020, las academias de danza se vaciaron.Especial

En su escuela, instalada en el Centro Social Piloto Culhuacán, Gisela Rivera atendía desde a niños de 2 años hasta a personas con discapacidad; sumaba también 70 alumnos y vivía de las colegiaturas, pues las presentaciones que ofrecía, como la que tenía programada en la Feria del Caballo de Texcoco en abril, eran por amor al arte, “sólo pedía el transporte para mis bailarines y sus comidas... Me arrepiento muchísimo de no cobrar”, reflexionó.

Sus chicos le propusieron que les diera clases virtuales, pero ella declinó pues su atención está volcada en cuidar a su padre, a quien cinco meses atrás le amputaron una pierna, y a su marido, quien desde hace año y medio padece cáncer. 

“Estamos yendo al hospital a cada rato, trae una sonda y cada 15 días hay que estarla cambiando… a veces se pone mal en las madrugadas”, compartió.

COMIDA POR NECESIDAD

Gisela Rivera dedica gran parte de su tiempo a sus familiares, por ello optó por poner un negocio de comida corrida, postres y pasteles; también vende cosas por catálogo.

Su zona de venta es por donde vive, en Culhuacán, pero también ha hecho entregas en zonas lejanas como Polanco, Santa Fe y “donde me pidan”. Prepara, al menos 20 raciones mínimo al día.

La bailarina y maestra Gisela Rivera, tras preparar tacos de cochinita pibil para vender.Cortesía: Gisela Rivera

Es muy pesado: tengo 52 años, lupus, debo cuidar a mi marido y padre, además comprar las cosas, cocinar, repartir y lavar. Me tengo que dividir en mil pedazos, termino a veces a media noche y el otro día empiezo desde temprano, pero lo logro”, reconoció. 

En Navidad le fue bastante bien, hizo cenas de temporada que se acabaron rápidamente; sin embargo, enero ha sido complicado, pues la venta se desplomó: “ahora no he tenido ni una comida ni entregado pedidos, más que panes y postres”, comentó.

Guillermina Neri también optó por la comida, pues sólo de esa manera puede darse el tiempo de dar unas cuantas clases virtuales y cuidar a su hija, a quien apoya todos los días en sus clases de primaria. “Pensé buscar algo de oficina, tengo experiencia de eso, pero tengo que estar al pendiente de mi nena”, dijo.

Tomó sus últimos ahorros para invertir en una lona, estufa, tanque de gas y banquitos y puso su puesto en la esquina de su casa, en Pantitlán, donde ofrece tacos de guisado y postres. “Recuperar ese dinero ha sido duro, aún no se me regresa ese dinero y lo que saco me ayuda a solventar gastos”, añadió.

La maestra de danza Guillermina Neri, en el puesto de comida que ahora es su sustento.Cortesía: Guillermina Neri

Al igual que Gisela, Guillermina ha sufrido de un desplome de clientela en enero, lo cual lo atribuyó a que la gente no se pueda a quedar a comer en su puesto, sumado a la prohibición de desechables en la CDMX, “lo biodegradable es mucho más caro”.

“Hacer esto es super cansado, porque es estar en las clases con mi hija, salir a vender, regresar, lavar trastes, hacer las tareas, dar clases en línea… pero tengo la motivación de seguir adelante y sacar a mi nena”, expresó. 

AG