Desde el fondo de su cicatriz en el muro, el alacrán se disculpa por el abuso de titular su sino de esta semana con la cita reveladora del presidente José López Portillo, referida a la discrecionalidad con la cual los gobiernos priistas (y de todo signo) otorgan o retiran los recursos destinados a la publicidad oficial según la disposición de los medios de comunicación a apoyar sus políticas.
El escorpión recuerda también el eficaz instrumento utilizado por el gobierno mexicano entre los años sesenta y ochenta para controlar o negociar con la prensa: el papel. En efecto, la compañía gubernamental PIPSA (Productora e Importadora de papel, S. A.), era el poderoso monopolio encargado de otorgar o suspender la distribución de papel a los diarios.
Tras aquellos años locos de crisis y devaluaciones constantes, el sistema evolucionó hacia procedimientos menos directos; no obstante, la distribución de la publicidad gubernamental sigue siendo una forma innegable de control, pero además representa un alto porcentaje de los ingresos económicos de los medios de comunicación, muchos de los cuales no subsistirían sin ella. Los reportes vigentes comprueban lo anterior, pues el gobierno de Enrique Peña gastó de 2013 a 2016 un total de 34 mil millones de pesos en publicidad, y también se ha probado cierto favoritismo: recursos para un periódico local de aquí, un canal de televisión de allá, alguna revista cultural de renombre más acá o, incluso, algún ínfimo pasquín de rumores y chismes políticos.
El rastrero no quiere aguarles la fiesta, pero al parecer, la era digital ha ido cambiando esta tendencia, pues en internet la publicidad gubernamental y privada sigue una lógica distinta y, encima, es mucho más barata. Así lo reportó en sus conclusiones el III Congreso de Editores de la CELAC-UE (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Unión Europea), realizado en Bogotá los días 24 y 25 de octubre. Ahí se reunieron a debatir los cincuenta máximos responsables de los diarios, radios y televisiones que representan a los medios de mayor influencia en los distintos países de Europa y América Latina. Curiosamente, el arácnido no encontró información de los asistentes mexicanos, si los hubo.
Uno de los datos más reveladores dados a conocer ahí, puntualiza en un veinte por ciento el porcentaje de recursos de la inversión publicitaria global destinado hoy a Google y Facebook, lo cual continúa apuntalando la tendencia general, resumida en una frase de las conclusiones de la reunión: “En la era digital, reinventarse o sucumbir”, aunque los intelectuales conservadores y perezosos sigan maldiciendo a internet y las redes sociales (¡vade retro Satanás!).

