Los desesperados

Foto: larazondemexico

“Como en la guerra, en el rocanrol todo se vale”, dice el narrador omnisciente en Los Desesperados (Seix Barral, 2018), la primera novela de Joselo Rangel. Bajo esta máxima se rige la vida de una banda que bien podría ser cualquiera, los Liquits por ejemplo, de las tantas que nacen y mueren en nuestro país cada día con el único objetivo de alcanzar el estrellato.

Los Desesperados manejan una variedad de recursos que van de la literatura, pasando por el rock latinoamericano, hasta los cartoons. ¿Se acuerdan del Gran Gazú? El extraterrestre verde de Los Picapiedra. Sirviéndose de la parodia, que es a su vez homenaje, Joselo lo trajo de vuelta a la ficción mexicana, pero como Gustavo Cerati en su versión del Principito. La conciencia de uno de los personajes que conforman a Los Desesperados. Quien se le aparece en las pedas y le dicta consejos, como una especie de Pepe Grillo rocanrolero.

Después de la publicación de los cuentos de One Hit Wonder —por cierto: uno de los mejores títulos de los últimos años—, la novela era el paso natural para Joselo. Y ha incursionado en el género con fortuna. Los Desesperados es una novela ágil y divertida. Pero nunca pierde de vista que su trasfondo es la materia literaria. Y existen por ahí puntos de contacto con otros autores. Por supuesto que Ray Bradbury no podía faltar en el coctel. Hay un capítulo de Los Desesperados que es un abierto tributo a las Crónicas marcianas.

También existe un guiño al Rodrigo Fresán de La velocidad de las cosas. Aunque Joselo me dijo no haber leído ese libro todavía, sabemos cómo funciona esto de las malditas influencias. Le llegan a uno por donde quiera. Y es que la literatura hacia la que apunta Joselo, al menos en su primera novela, tiene un universo bastante parecido al de Fresán. Sólo que en Joselo el toque de ciencia ficción es juguetón. De ahí también la referencia a Gazú.

"La novela era el paso natural para Joselo. Y ha incursionado en el género con fortuna. Los Desesperados es ágil y divertida".

Como en muchas historias de grupos de rock, en Los Desesperados también existen los triángulos amorosos. Y entre los miembros de la misma banda. La historia arranca con el trío en un téibol dance. Una de las bailarinas se parece mucho a la novia de uno de los integrantes. Que le gusta a otro. ¿Y a poco esto no les recuerda un poco a Soda Stéreo? La prehistoria de esto es, obviamente, el caso de los Beatles. Porque ya lo dijo Charly García: la única culpable de que se separara Seru Giran fue Yoko Ono.

“Las carreras al éxito de todos los grandes se habían hecho así, en veredas, que luego se convirtieron en caminos de terracería, luego empedrados, hasta ser una superautopista asfaltada”, dice el narrador como metáfora del nacimiento y ascensión de las bandas de rock. Existe en Los Desesperados una añoranza por los primeros tiempos. Lo más encantador de la novela es que retrata precisamente el duro camino a la cima. Ese que vemos tan bien en Casi famosos. Cuando todo mundo manotea por salir a la superficie. Y también hace mofa de lo que ocurre siempre con las bandas que alcanzan el reconocimiento. Se vuelven abstemios, veganos, cristianos. “Es lo que dicen todos, pero me gustaría presentarte a unos abogados que conozco. O a unos publicistas. Ufff. Esos son más roqueros que los roqueros mismos”.

Mención aparte merece el Sabbath. El personaje que se roba la novela. Y que tiene un destino estelar hacia el final de la historia. El Sabbath es roadie, manager cuando se requiere, pilmama, niñera y madre sustituta de estas criaturitas que se suben al escenario pensando que son los primeros que conquistarán el mundo. Es como todo metalero. Con el corazón de metal pero que adentro tiene un osito de peluche. Gordo, de bermudas, playera negra y greña larga.

Uno de los mejores cuentos de One Hit Wonder es "Beisbol". La historia involucra a un perro. Es un relato redondeado. Armado con paciencia de cuentista. Donde se observa una estructura bien construida. Una historia que podría caber en cualquier antología de lo más representativo del género en los últimos años en nuestro país. Se ve ahí el narrador con potencial que ahora se revela en Los Desesperados.

Si bien es cierto que toda primera novela de un autor es una novela perfectible, en Los Desesperados Joselo hizo un gran trabajo. Y aunque todos los capítulos van contando la historia de la banda, existe uno que funciona en sí mismo como una historia independiente. Es el último. El final de la novela que bien podría leerse sin broncas como un cuento independiente. Como en "Beisbol", aquí Joselo alcanza sus mejores momentos. Es donde se aprecia que como escritor tiene futuro. Yo ya estoy esperando su próximo libro.