LA CANCIÓN #6

El punk llegó en silla de ruedas

El punk llegó en silla de ruedas
El punk llegó en silla de ruedas Foto: Cortesía del autor

JUST PUT ME in a wheelchair, get me to the show, cantaban los Ramones. Así cumplió 70 años Billy Idol durante su paso por México y cerró la gira It’s a Nice Day to… Tour Again en el estadio Harp Helú. Poco antes de salir al escenario se cayó y se lesionó el pie izquierdo. ¿Canceló como Morrisey por cansancio, como Tobías Forge de Ghost por unos tacos o como Travis Baker de Blink-182 por una uña rota? No. Es Billy ‘Fucking’ Idol, el punk que se adelantó 20 años a la Generación X e inventó el baile del solitario, el pogo dance atribuido a Sid Vicious. Como a Joey Ramone en “I Wanna Be Sedated”, al Billy lo subieron en silla de ruedas, se acomodó en un banco y se rifó un concierto de rock ochentero, sexual y potente, para una audiencia entre los 40 y los 60 veranos que desafiamos la gravedad bailando las 18 canciones recetadas con el refulgente Steve Stevens.

DADAS LAS CIRCUNSTANCIAS, FUE UNA IRONÍA que arrancara con “Still Dancing” y “Cradle of Love”. El cancionero era diverso, pero no le faltó ninguna de las campeonas: de “Flesh for Fantasy” a “Eyes Without a Face”, de “Blue Highway” a “Rebel Yell” con la anécdota del botellón con los Rolling Stones. Para ser un septuagenario el Billy se mantiene en mucha forma y conserva una voz indeleble con su estilo matón / seductor. El grupo era de primera división: el bajista Stephen McGrath, el guitarrista Billy Morrison, el baterista Erik Eldenius, el tecladista Paul Trudeau y dos coristas que dieron una batalla vocal heroica. Steve Stevens es un espectáculo aparte, no sólo es la dupla del sonido Idol que suma punk + pop + new wave, escucharlo y verlo tocar sus guitarras, hasta dos o tres por canción, es un placer eléctrico de pies a cabeza y de un extremo del cerebro al otro. Se siente cómo se divierte al tocar, aunque faltara el ritual de la pistola láser.

Además de los jitazos, nos tundió con un show sorpresivo. No se conformó con darnos una sobredosis de pasado, también se refinó “77”, “Too Much Fun” y “People I Love” del reciente Dream Into It. Luego se remontó al origen setentero de Generation X con “Ready, steady, go” y la clásica “Dancing With Myself”. Ahí se subió Daniela Villarreal de las Warning a tocar la guitarra con Stevens. La morra causa controversia entre los rockerillos trve, pero no tocó mal las rancheras y encima subió al mariachi para cantarle las mañanitas al Billy, un coro monumental porque el estadio entero se unió. Las pantallas capturaban al Ídolo feliz. Ya entonados tocaron “Mony Mony”, la canción por la cual llegamos aquí, gracias a la trivia radial que se ganó Liz, y “To Be a Lover”. Pero para mí la mayor sorpresa fue cuando se dejaron ir con “Gimme Shelter” de los Stones; ¡ay, Jonás, qué ballenota!, inesperada y coronada con la negra voz de una de las coristas que bien pudo ser Merry Clayton (quien sufrió un aborto luego de grabarla en Let It Bleed), porque le hizo todos los honores. Cerraron con otra favorita, “White Wedding”, pura energía para ponerle punto final a la gira. Dos rockstars inolvidables.